viernes, 6 de mayo de 2016

SOBRE LA MOTIVACIÓN Y EL ENTUSIASMO
Por Vicky Moreno

Vivimos tiempos complicados, con ajustes y restricciones no acostumbradas, difíciles de encajar mientras los sacrificios que se pidan no sean proporcionales a las categorías y a los méritos o deméritos demostrados. En este contexto, viral y deslizante, hablar a los trabajadores de motivación produce frecuentemente en ellos la sensación de hilaridad por sentirse, además de expoliados de sus derechos, obligados a fingir una satisfacción que no saben encontrar en su actual proyecto profesional ni en sus amenazantes condiciones laborales.

Maslow diría que son las necesidades reflejadas en este cuadro las que impulsan los distintos niveles de motivación de cualquier persona, y que, hasta que no están cubiertas las inferiores, no se consigue empuje hacia las siguientes, pero me atrevo a discrepar.

En su planteamiento hay algo que no funciona tan matemáticamente y, aunque admitamos que un hombre hambriento no tiene más impulso que el de satisfacer sus necesidades primarias, existe algo que podemos llamar “idealismo” “entusiasmo” o “romanticismo” que vuelve lo negro blanco y hace héroes de villanos. 


 Palabras como motor, motivo, emoción
, parten de la misma raíz etimológica, y todos sabemos de personas (con cultura, sin cultura, pobres o ricas) que han dejado sus países para dar su vida en lucha por la libertad de un pueblo que jamás habían pisado, o se han metido en la selva para tratar de curar enfermedades que ellos mismos corrían serio peligro de contraer. ¿Cuál es su motor?


 Todos estamos hechos de la materia prima de los sueños. El motor que más nos mueve es un ideal. La correcta visión y el alma grande hacen hueco a metas cada vez más altas y nobles. Pero, según su grado de inercia, muchas personas necesitan dinamizar o fecundar sus sueños antes de dar un paso o ni siquiera reconocerlos.

¿Cuál es el germen de un ideal propio sino el ideal por otros contagiado? Desde ese contagio inmaterial que insufla vitalidad es desde donde aparece el impulso básico, esa zanahoria intangible que daría origen a la motivación en terrenos tan áridos como el bélico o el laboral.

Por lo tanto, no existiría una capacidad de motivación escalonada ni resultaría sólo clasificable en las dos habituales categorías en virtud de su origen externo o interno. Podríamos determinar al menos cuatro tipos de motivación:

1.    Extrínseca = La más conocida, que es consecuencia de un premio o beneficio esperable y calculado que procede de fuera.
2.  Intrínseca = La que proviene de nuestra propia capacidad de recolectar y atesorar argumentos para el agradecimiento y la alegría, difícil de impulsar desde cero.
3.    Transpersonal = La que parte del entusiasmo por la consecución de un ideal no egoico, aún conociendo los puntos negativos o el coste de ejecución que conlleve.
4.  Mimética = La que procede de nuestra natural y automática tendencia a vibrar en la misma longitud de onda que el que se entusiasma sinceramente ante nosotros.

El liderazgo debe de ser naturalmente entusiasta. Cuando el entusiasmo es fingido produce el efecto contrario, porque el cerebro no admite mensajes falsos y la comunicación no verbal lo hace detectable.

El motor de los coches siempre va delante. Nuestros políticos y directivos son los que deben alimentar su correcta información, su transparencia, su positividad y sus sueños más altos para poder ser líderes inflamados de entusiasmo inteligente y contagioso y, como dinamos, aportar fuerza y calor en cualquier colectivo y hacia las metas más generosas, equitativas y eficientes.   

                                                      Vicky Moreno