sábado, 5 de febrero de 2011

SÓLO DOS FUERZAS – Por Vicky Moreno

(A propósito de los 10 Mandamientos de la Manipulación de Chomsky)

    Chomsky sigue teniendo razón. Es un peligroso lodazal éste de la manipulación y hay que cuidarse mucho para no caer en él. Lo que no dice es que los manipuladores son los primeros manipulados por su propia insensatez. No son ladinos interesados y egoicos calculando su beneficio, sino marionetas manejando marionetas en este gigantesco teatro que, como el propio Chomsky apunta, hace de lo habitual derecho, y da carta de naturaleza a la idiotez ambiente. ¿Es un manipulador el publicista que camufla entre imágenes con astuta pericia el producto que yo no voy a poder evitar consumir?.. No. Tan sólo es un trabajador, o incluso un artista, consagrado por los aplausos sin crítica ni autocrítica que recibe. ¿Es un monstruo quien dirige con mano firme un país, guardando para sí y los suyos la fortuna que considera que por derecho le pertenece?.. No. Es un producto decadente e indecente (los hay menos evidentes e igual de indecentes) de la inercia que le alzó al poder, le consintió permanecer y hasta le hizo honores durante décadas.  Porque la conciencia se hace perezosa y es casi heroico pedirle a nadie que se levante desde el sofá del reconocimiento y el confort de las almohadas que todos creemos merecer. Un pequeño mérito inicial y ya estás ahí arriba, justificándolo todo.
    Con independencia del empeño de los hombres, lo que corre cuesta abajo lo hace también porque existe la ley de gravitación universal... Pero, ¡oh maravilla!, si esperamos un poco más, por otra ley de cuyo nombre no puedo acordarme, vemos que también todo acaba desintegrándose y creciendo hacia la luz. Las fuerzas se alternan arriba y abajo. El empujón de los avariciosos no es más que un impulso inicial, siempre compensado por la emoción de los amorosos; la masa inerte de los mediocres, tan sólo es un peso muerto que ayuda a bajar, en liza con la fuerza emergente de los sueños. 
     Sólo dos fuerzas en el universo, que engloban a todas las otras y copulan en una danza constante: Eros y Thanatos. Una ascendente y otra descendente. Una centrífuga y otra centrípeta. Una vivificante y otra adormecedora. Tenemos siempre delante las opciones posibles y, en cada decisión que tomamos, por pequeña que ésta sea, empujamos a un dictador o liberamos a un pueblo; abrazamos la luz o perdemos nuestros colores en la oscuridad. 
     Eso es el despertar. Tomar conciencia de nuestra constante responsabilidad de elegir y sus consecuencias, utilizando toda la información a nuestro alcance y ejerciendo como seres conscientes en cada pensamiento, en cada palabra, en cada oportunidad y en cada minuto. No hay posibilidad de abstenciones inocentes. Mientras vivimos, estamos en trayecto y nuestras acciones u omisiones suman o restan, nos elevan o hunden. El punto muerto sólo es la muerte. 
                                                                             

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