En solo 10 minutos de reportaje Jean Ziegler deja muy claro que las personas que mueren diariamente de hambre y de sed actualmente en el planeta son asesinadas por la especulación criminal que de forma global se hace con los productos de primera necesidad.
"Las causas del hambre". Informe semanal TVE1 17-06-2006
http://www.youtube.com/watch?v=UeCPV0_d-U0&feature=player_embedded
viernes, 24 de junio de 2011
jueves, 23 de junio de 2011
EL MODELO "PARASITARIO" CHINO - Por Vicky Moreno
Nos advierten ahora del MODELO PARASITARIO CHINO.... ¿Y qué se supone que podríamos esperar? ¿Un chino, un guineano, un indio, no son personas? ¿No tienen derecho a satisfacer sus necesidades básicas y las de su familia? ¿No pueden aspirar al progreso y a la abundancia? ¿Qué nos asombra? ¿Que son productivos y familiares? ¿Que se organizan bien y refinancian a los suyos en vez de consumir y consumir ?.... Benditos sean. Imitémoslos y se acabó el paro. Lo español tiene tirón fuera. Potenciemos nuestra imaginación y traspasemos fronteras, a ver si por fin las echamos abajo. Creemos un banco de inversión en pimes españolas emprendedoras y viajeras, en vez de temer y castigar a los hermanos chinos que con su ejemplo nos muestran el valor del esfuerzo, la perseverancia, la austeridad, el aprendizaje y el respeto a la familia. Si lo copian todo es porque siempre se hizo así a lo largo de la historia del progreso humano y probablemente también tenemos que revisar el criterio sobre los derechos de propiedad del conocimiento. El mundo es ya muy pequeño para admitir tantas fronteras y abismales diferencias. Las personas somos ya demasiado parecidas y demasiado próximas para seguir sintiéndonos extranjeros. O nos vivimos como humanidad, repartimos como humanidad, nos cuidamos en conjunto como humanidad, prevenimos como humanidad y legislamos como humanidad, o esto se va al carajo.
miércoles, 22 de junio de 2011
PARTICIPAR PARA GANAR VS PARTICIPAR PARA VIVIR - Por Vicky Moreno
Nuestra competitiva sociedad no sería tan impresentable si fuera sólo eso, competitiva, pero es que, además, es mentirosa. Tanto los lujos y prebendas, como los beneficios sociales, que tan caro pagamos los contribuyentes, alcanzan sólo a unos pocos, mientras la divinizada fecundidad del propio dinero rellena las arcas de los más afortunados -en algunas personas, digno premio a su esfuerzo-. No sabemos bien si viene de antes la pobreza, la ignorancia, la incultura, la falta de oportunidades o la mala suerte –o todas ellas juntas-, el caso es que son amigas inseparables, y su presencia produce el horror de una estética que se arrincona y disimula como ropa sucia, tendiendo a evitar, cuando no a esconder en verdaderos guetos, a los fracasados (incluso cuando sólo ayer estuviéramos aclamando su momento de éxito).
Mientras corremos hacia la meta del reconocimiento y el glamour, nos vamos defendiendo de ese no ser, identificándonos con algún signo, marca o uniforme que acrediten nuestra deseada superioridad. Experimentamos la fuerza del gremio, el espíritu del clan, como imán que nos proporciona o proporcionará la protección de un escogido grupo de iguales, al que nos afanamos en pertenecer, sin conocimiento ni análisis de lo que encierran sus consignas, pero adoptando sus ritos y apariencias y acreditando así nuestro estatus, categoría y derecho de pertenencia a esa determinada elite de “triunfadores”.
El Dr. Eric Berne, eminente psiquiatra, fundador del Análisis Transaccional, en su afamada obra: Los juegos que la gente juega, hablaba de unas fórmulas de relación humana -no por habituales tan conocidas- que él llamaba “juegos”, pero que no dejaban de ser rituales neuróticos, en los que todos nos empleamos denodadamente, desfogando nuestra tensión y ganando siempre a costa de los otros. Algunas personas realizan transacciones emocionales en las que dañan o son dañadas una y otra vez, sin que sean capaces de identificar su error en la puesta en escena de su propia acción comunicativa. Los expertos han llegado a la conclusión de que los individuos juegan esos juegos porque tienen hambre de contactos, de pertenencia, y quieren obtenerlos a cualquier precio, aun si lo que obtienen son sólo contactos negativos. Vamos con una máscara en el corazón, que es pancarta en la frente, diciendo: “antes muerto que ignorado”.
Desde pequeñitos aprendemos de esa ludoteca de fantasmas. No nos estimulan a disfrutar y desarrollar lo que nacimos o crecimos apeteciendo, sino a competir, a brillar más que el de enfrente y conseguir formar parte de equipos, profesiones o relaciones destinados a ganar. Pero, ¿ganar qué? Alimentamos y aplaudimos el “espíritu de lucha”de nuestros hijos, sin percibir que en sociedad toda lucha conlleva oposición a otro, y siempre que hay un ganador, hay un perdedor. Para consuelo de estos últimos, ante la frustración del triunfo no alcanzado, se usa como analgesia la frase eufemística de “lo importante es participar”. Sería cierto si fuera sincero, pero ¿qué es participar?
Participa el que forma parte de aquéllo en lo que ha elegido estar. Esa aparente simpleza encierra la clave de un diferente posicionamiento frente a la relación humana, laboral o social, que precisa un momento de reflexión descondicionada. No basta con “estar”. Para formar parte hay que ser pieza útil de ese organismo o conglomerado dinámico, que hemos decidido formar o habitar. Y para ser pieza eficiente hay que conocer la maquinaria que nuestra presencia contribuye a mover o parar, querer el espacio que nos acoge y acogemos. El conjunto del que formamos parte tiene una historia, una energía, una misión, una visión y unos valores que podemos contribuir a lograr, a mantener o a destruir, pero nunca parasitar.
Es hora de hablar de la ética de la afiliación. Lo creado merece un profundo respeto y cuidado, y lo que creamos una absoluta responsabilidad. Este conjunto de conjuntos que llamamos planeta, que llamamos país, que llamamos empresa, que llamamos pareja… requiere nuestra participación consciente y eficiente. No podemos vegetar como cigarras, chupando la energía de los que nos precedieron o los que se afanan en hacer funcionar y conservar ese organismo. Cuesta trabajo, pero merece la pena y, además, es lo único que podemos hacer.
Nuestra afiliación al planeta Tierra no es una carta en blanco para su explotación, sino una relación que precisa consciencia, estudio, paciencia, renuncia, sentido del humor, austeridad y mucho cariño….. Igual, igual, que cualquier otro conjunto en el que hayamos elegido participar. Nuestro país, nuestra empresa, nuestra pareja no nos exigieron estar ahí. Si en esos sistemas vitales permanecemos es para participar, no para valernos de ellos para nuestro beneficio. Y participar es estar vivo en lo vivo. Lo que está muerto es apartado para no envenenar al organismo que lo acoge.
Hemos equivocado el camino. No es el brillo, la excelencia, la opulencia, el prestigio o la fama lo que nos hace necesarios y queridos (y ni siquiera más felices). En la naturaleza, lo conservado y cuidado es lo que es útil. Todos apreciamos más a los que más dan que a los que más resplandecen. Y, en el fondo, casi todos sabemos lo que es el gustillo de identificarnos con el organismo del que formamos parte; la felicidad de diluirnos en un conjunto mayor; el gozo del esfuerzo compartido; la fuerza de sentirnos universo.
Inauguremos el siglo de la “participación”
viernes, 17 de junio de 2011
jueves, 9 de junio de 2011
¿POR QUÉ CAMBIAMOS TANTO ORO POR CUENTAS DE COLORES?
Cuando de niña detentaba el pobre record de ser la única de mis amigas que no tenía televisión en casa (carencia providencial que luego traté de contagiar a mis propios hijos), mi madre siempre decía… “¿Para qué queréis esa caja de mentiras, si esto es de verdad?” Señalaba el entorno con su mano de mujer perfecta y segura, y una voz pausada que obviaba cualquier argumento. Siempre supe que, cuando mi ánimo se debatía en entelequias, su abrazo disipaba la angustia, confirmando la permanente existencia de esa verdad absoluta de lo palpable frente a toda fantasía multicolor.
Mi viejita ahora sigue empeñada en valorar por encima de todo la realidad y, cuando la despiertas de su casi continuo sopor con el afán de que siga aquí, que participe de nuestras historias o vea alguna peli de su época, te saluda con una sonrisa y vuelve a repetir “..Dejadme, ¿para qué perder el tiempo con tonterías, si mi rico sueño es de verdad?”
Cuántas veces me acuerdo ahora de ese realismo clarividente y cuánto de él sustenta mis cimientos.
Aprendí ya a mirar con sus ojos de mujer madura y corazón joven los valores caducos, los afanes vanos y las formas proyectadas y muertas que fabrica el caleidoscopio de las mentes pueriles de nuestra sociedad marchita…, y me estremezco. No sé si soy ajena o nací enajenada, pero ajenos y dolorosos siento sus intereses y trasiegos.
¿Por qué cambiamos tanto oro por cuentas de colores? Tanto disfraz me aturde, pero nada me impide ver y decir bien alto que esto no es. Insisto en que el rey va desnudo… Que no hay satisfacción que dure en lo que enjaulamos. Que lo que poseemos siempre nos posee un poco. Que, cuando corremos en pos del dinero o el placer, se nos atrofian las alas. Que sólo tomando altura vemos el tamaño justo de personas y situaciones. Que el verdadero órgano de visión no son los ojos sino el alma. Que en amando de verdad todo está bien. Que el que hace lo que debe no tiene nada que temer. Que el temor ocupa el espacio que deshabita el amor…. ¡Ay, el amor! ¡Cuánto papel y cuánto cartón para mostrar lo que en el fondo no se conoce ni practica!
Si algo he aprendido es que sólo se ama realmente a quien somos capaces de cuidar. Nada más es amor. Miremos la verdad. Las bellas emociones que se designan con ese nombre siempre tienen detrás un ego legítimamente hambriento de experiencia y emociones, pero endogámico y depredador, por más adorno que se le aplique. Entonces, por pura lógica, aunque cueste enfrentarse a tan cruda desmitificación, sólo nos quiere quien está dispuesto a cuidar de nuestro bienestar y crecimiento. ¿A quién beneficia vivir de milongas?
Apartado el peligroso mito del amor como embriaguez pasiva, podemos afirmar con rotundidad que sólo hay una forma sana de vivir: Vivir amando, de manera centrífuga, frontalmente, sin subterfugios, con ese Amor grande del que decide hacerlo, del que trabaja cada mañana por iluminar e ilusionar el espacio que habita y a las personas que le rodean; del que se toma el trabajo de amar y lo ejecuta desde la generosidad del alma y la mayor inteligencia.
Nos obligamos a muchas cosas anestesiantes, estableciendo inercias y huyendo curiosamente de la única necesaria y nutritiva. No vemos la noria, ni la cuerda de la zanahoria, pero seguimos en la rueda, seguimos en el fingimiento de hacer que hacemos, por miedo a los resultados de decidir pensar, de decidir profundizar, de decidir comprometernos de verdad social y humanamente.
Salir de este teatro de títeres produce en principio mucha soledad, pero sabemos que el gran premio es existir fuera del Matrix; tocar y respirar lo vivo; abrazar y ser abrazado con todo el ser; afiliarse a la realidad con todo el alma, y madrugar para mirar a la verdad de frente, fabricando sólo salud, paz y belleza, con las herramientas del discernimiento y la voluntad que el que ama sabe poner en juego en cuanto hace.
No hay tiempo que perder porque cada vuelta que damos en la noria más rápido vamos, más nos embrutecemos y más hondo se hace el insano surco de la inercia y la intoxicación física y mental.
Exijámonos inteligencia, bondad y autenticidad a nosotros mismos día a día, minuto a minuto, si queremos cambiar el mundo. No se me ocurre fórmula mejor.
Vicky Moreno
lunes, 6 de junio de 2011
IMPARABLE E IMPAGABLE CAMBIO
Vaya mi aliento y mi agradecimiento a cuantos han canalizado por vías pacíficas reivindicaciones tan justas. Mi gratitud también a los intelectuales comprometidos que ayudáis a articular un nuevo modelo político más equitativo, creativo y solidario. Bienvenida tanta pasión, pero nunca sin discernimiento. No somos "buenos" luchando contra los "malos", ni jovenzuelos inconscientes movidos por una ola emotiva pasajera. Tampoco tenemos enfrente aviesos chupópteros organizados de forma maquiavélica. El enemigo es mayor por ser más sutil. Es la ignorancia, novia del miedo, la terrible losa a remover. Es la comodidad, la inercia y el conservadurismo egocéntrico que atornilla un modelo criminal y caduco que ha llegado la hora de cambiar entre todos, con toda la inteligencia de que seamos capaces.
viernes, 20 de mayo de 2011
EL PERDÓN EFICIENTE - Por Vicky Moreno
Las amenazas del medio y los propios instintos gregarios y reproductivos inscritos en nuestras células nos han hecho a los humanos desde los orígenes buscarnos unos a otros y defendernos frente al bárbaro, el diferente, el extranjero. Da igual tribu o nacionalidad. Los desconocidos “ajenos” nos unen más a los “propios” y despiertan un “nosotros”, un agradable espíritu de clan frente al supuesto peligro.
Pero vivir en sociedad no es sólo cobijo y refugio de soledades. Es a la vez protección y amenaza. Una constante confrontación de intereses, desajustes de velocidades y roce de carrocerías protectoras hace difícil el bienestar soñado y nos hace vivir a la defensiva hasta entre los nuestros y en nuestra propia casa.
Análisis más profundo merecería, en el confuso bosque de la conducta humana, la justificación de la existencia de algo llamado culpa, pero no vamos a entrar ahora en ello. Sólo apuntar que la acción u omisión causante de un mal la mayor parte de las veces responde a una conducta automática aprendida y que, a menudo, pretende un bien propio o ajeno considerado eximente y superior para el que la ejecuta.
La falta de maldad de quien nos hiere no excusa la ignorancia y simpleza de planteamientos de quien se paraliza o inflama en la contemplación de las heridas. Es decir, la reacción incorrecta sobre la acción incorrecta no soluciona nada.
Con independencia entonces de que debamos apartarnos de quien nos daña y reeducar o alejarnos de quien nos quiera mal, si vemos detrás de las apariencias su inocencia, ¿cómo no perdonar?
Según la RAE, perdón es “la remisión de la pena merecida, de la ofensa recibida o de alguna deuda u obligación pendiente”. Noble tarea la de perdonar, pero hay una más noble: la de comprender, probablemente uno de los más altos ejercicios de discernimiento. Porque no es de aguantarse las ganas de contestar que nace la serenidad y el consuelo, sino de la dilución del enojo que proviene del ejercicio metódico del análisis consciente, la generosidad y la empatía.
Quien intenta comprender con sinceridad neutraliza la reacción inmediata de ira o autocompasión a través de siete pasos básicos:
- Explorar la posición desde la que miraba el “ofensor”.
- Investigar ecuánimemente su razón o extravío.
- Desvincular su intención de bien propio de la voluntad de mal ajeno.
- Desidentificarse como víctima.
- Desestimar como tal la “ofensa”, es decir, recalificar el acto como “error”.
- Dejar brotar en el corazón la compasión fraterna.
- Establecer un plan eficiente de protección mutua y ayuda.
Explorar la posición del otro e investigar sus paisajes mentales es un deporte que requiere práctica, pero que merece la pena entrenar por los altos réditos en bienestar que proporciona. Da muchas sorpresas entender las posiciones perceptivas que le movieron a la acción u omisión, y que sufrimos en nuestras carnes porque nos consentimos experimentarla como ofensiva o culposa. Al ponernos en sus zapatos, no siempre vamos a encontrar inocente al causante, pero sí le vamos a explorar con otros ojos. Entonces, será fácil ver que su intención real no era causar mal, aunque la ignorancia no le permitiera contemplar las consecuencias evitables de su atropello o su propia inercia de conseguidor.
No ofende el que quiere, sino el que puede. Y el poder sólo se lo da la lectura que hace el ofendido de los hechos, escogiendo recibir como daño real lo que con frecuencia sólo es una palabra mal dicha, un gesto inapropiado o una omisión de cuidado. Desidentificarse como víctima permite recuperar el poder y evitar la mayor de las agresiones, que es nuestra propia autocompasión.
Si hemos automatizado estos pasos hacia la comprensión, la empatía va a templarnos el corazón, permitiéndonos sentir compasión frente a un nuevo personaje que emerge a nuestros ojos: el ignorante, el inseguro, que daña la mayor parte de las veces sólo buscando su ración de importancia y afecto.
No obstante, cuidémonos de que el ejercicio de la compasión y el perdón no nos hagan perder reflejos. Es tiempo de eficiencia. Ya no podemos ser niños reactivos, rencorosos y llorones, pero tampoco sumisos sufridores. Practiquemos la paz. Seamos paz. Pero seamos también inteligencia y usémosla, sin agresividad, para reivindicar la verdad y la bondad, y para evitar causar, causarnos o que nos causen cualquier daño. Establezcamos estrategias de prevención, protección, educación y diálogo, sin odio y sin clasismo humillante para nadie.
Las acciones de los demás no podemos dirigirlas, sólo entenderlas y perdonarlas, pero las nuestras sí merecen una lupa de aumento sobre nuestros inocentes actos porque, hoy mismo, las últimas veinticuatro horas, con la mejor voluntad, seguro que hemos provocado, por acción u omisión, algún tipo de mal evitable a alguien…. Lo hicimos sin darnos cuenta, en duermevela de conciencia, pero ¿a que no somos “malos” y merecemos que nos entienda, que nos aprecie, que nos ayude a mirar desde su balcón y nos perdone antes de condenarnos?
jueves, 5 de mayo de 2011
LA RAZÓN LEJANA DE TODAS LAS COSAS - Por Vicky Moreno (01/05/2011)
La muerte de Bin Laden me ha despertado hoy con la sensación de pesar por el mero dolor y fracaso que conlleva la imposible recuperación de un ser humano, rápidamente mezclada con la sensación de alivio por el peligro que su radicalismo asesino representaba, avivado con la ola de alegría de la que se hacían eco las emisoras.
El contraste de emociones es un excelente motor de búsqueda que nunca evito y me presto a tratar de contemplar lo que apunta, intentando salirme de lo aprendido e inmediato para hacer un análisis desapasionado, sin que los tópicos al uso me aparten de procurar la visión ecuánime de las cosas, porque... nada es lo que parece.
¿El bien y el mal son conceptos absolutos o son clasificaciones aprendidas que proceden de nuestra memoria (grabaciones que diseccionan, desnaturalizan, nombran y encierran en cajitas manejables la realidad)?
¿Existen como categorías morales o son herramientas de simplificación de nuestra mente bipolar?
En el nivel de lo cotidiano y común, ya me parece necesario un primer razonamiento, que sé de antemano que puede ser provocador:
No cabe ninguna duda de que alguien que mata a seres inocentes, que promueve el asesinato y el terror, es un ser oscuro que hace peligrar la paz de nuestra sociedad opulenta y democrática, pero ¿podemos tirar nuestras piedras con despreocupación y cara alta o en el modelo de sociedad que él combatía, las formas sofisticadas de avaricia, agoísmo, terrorismo de estado y manipulación mediática producen tantas o más muertes que las causadas por el odio y desvarío de los que se creen mensajeros del cielo?
¿Por qué aplaudimos y cantamos como un coro de niños las gestas de otros “mensajeros del cielo” que financian y apoyan a los que arriman ventajas a sus posiciones políticas e ideológicas, con independencia de los medios que usen para ello, las consecuencia que produzcan las armas que ellos mismos les vendan, la sangre que tenga el capital que financie sus fines o los “daños colaterales” que sus acciones u omisiones causen?
Todavía yéndonos un poco más a fondo en el análisis, podemos intentar poner en marcha la taladradora de nuestros cimientos si cuestionamos nuestras certezas contemplando la relatividad de todo lo que vemos, porque...
Si nuestro en principio inocente y sano juicio depende del rincón del mundo en el que nacemos, de la clase de información que nuestros sentidos alcancen a abarcar, del entorno cultural en el que nos movamos y de lo que hagamos con todo eso según nuestra capacidad intelectual y nuestra salud neurofisiológica, ¿puede haber alguien que sea culpable de algo? (...”perdónalos señor porque no saben lo que hacen.”)
¿Podemos rendir cuentas de lo que aparentemente pensamos y decidimos por nosotros mismos o somos pensados y decididos por nuestras grabaciones y circunstancias? ¿Seremos culpables de las consecuencias que provoca la causa que nos enrola o seremos las primeras víctimas de lo que con todo eso suceda? Es decir, ¿somos padres de nuestros hechos –y por ello responsables- o hijos de nuestros pensamientos?.. Y ellos, a su vez, ¿no son siempre hijos de nuestras emociones? Y, éstas ¿a qué plan orgánico, planetario, cósmico o divino responden? ¿Nacemos INOCENTES? ¿Somos después INOCENTES del impulso pero culpables de las consecuencias que nuestra inconsciencia no alcanzó a parar? ¿Cómo ser culpables de lo inconsciente?
Y, ya, puesta en cuestión la culpabilidad y para desmontar definitivamente la jaula de los conceptos aprendidos, que tanta seguridad nos dan pero tanto nos limitan, me vuelvo a preguntar:
¿Estamos seguros de que lo que llamamos “bien” o “mal” lo es en términos absolutos? Esa categoría moral ¿existe?
Llevándolo al mundo animal, quizá comprendamos mejor lo que quiero decir, sólo con ánimo de reflexionar sobre lo que son las falsas verdades procedentes de las falsas percepciones:
Si observamos la conducta de cualquier animal depredador, veremos que su naturaleza imprime un impulso agresivo que asegura su alimentación, liderazgo o procreación. La literatura infantil está llena de clasificaciones entre animales “buenos” y “malos”, pero nuestra educación impone en la actualidad la superación de esos conceptos, dado que entendemos que el animal no hace más que “obedecer” la misión que le adjudica su naturaleza dentro del ecosistema que habita, siendo su supuesta “maldad” útil para ese mismo ecosistema. Y ni siquiera podemos alegar que es que matan sólo para comer porque no siempre es así.
Podríamos argumentar que la gran diferencia es que el ser humano no responde sólo a impulsos y tiene una capacidad de juicio y valoración de las consecuencias de sus propios actos, pero todos sabemos que eso, con frecuencia, no es así. Las más recientes conclusiones de la ciencia en relación con el análisis de la conducta humana, sugieren que las emociones (para bien y para mal) están en la base de nuestra conducta mucho más presentes de lo que se creía hasta ahora. Esos juicios y valoraciones que fabricamos para presentar nuestros proyectos o justificar comportamientos sólo maquillan lo que de antemano ya ha sido decidido por nuestros deseos o estructuras primarias instaladas en lo más hondo del subconsciente.
Cuando introducimos, además, el factor tiempo, la reflexión se va ya a un nivel poco manejable en el que se licuan los pilares de nuestra seguridad:
Volviendo al modelo natural y contemplando la perfección de flujos que hace coexistir a las especies, se asoma la posibilidad de que, lo mismo que el “peor” de los animales es al ecosistema tan útil como el más dulce de los pajarillos, así el hombre pasional, amante de los suyos, fiel creyente, idealista y sacrificado líder, que mata por un ideal mesiánico y hasta filantrópico, pueda ser a la energía profunda del planeta en que vivimos tan “útil” como el bondadoso campesino que sólo canta en la siega. Porque, a ese nivel, concebida la relatividad del bien y del mal, de la vida y la muerte, sabemos ya que las ideas de muchos héroes el tiempo las transformó en ideas criminales, y muchos ajusticiados por sus crímenes en realidad fueron héroes… Sólo el tiempo determinó el cambio de valores que relativizaron y rebautizaron sus conductas como gestas o asesinatos. ¿O los míticos cruzados no tenían nada de fundamentalistas?
Puedo sentir a veces que en la bolsa de la vida hay siempre un número igual de bolitas blancas y negras, como papeles energéticos del teatro del mundo que nos tocara encarnar rotativamente, hasta llegar a la dilución en la totalidad.
Mientras eso llega, sí podemos y debemos intentar conocer nuestra naturaleza esencial y las consecuencias de la conducta que se deriva de nuestros impulsos, al tiempo que podemos y debemos apartarnos y proteger a los que amamos de quienes tengan el desagradable papel de hienas. Lo que nunca podemos es juzgar o ser juzgados por la conducta derivada del lugar, momento o guión en el que estemos implicados.
Entonces, ¿existe algo parecido a la evolución? ¿Hay alguna esperanza para la humanidad?
Es consolador pensar que el conjunto que llamamos humanidad, compuesto de esos subconjuntos de energías móviles, es también un ser en evolución desde la piedra al ángel, como pensaba Unamuno, es decir, de la inconsciencia a la consciencia de sí mismo.
Lo que es arriba es igual a lo que es abajo y la humanidad puede evolucionar en conjunto desde la suma de sus partes, asimismo en evolución. Esa evolución es hacia la emergencia de su ser superior y se fragua desde el lento desarrollo de la globalización de la consciencia que va produciendo la compasión. El amor, tan reiteradamente mencionado en los textos sagrados de todas las escuelas como “virtud” esencial, es la herramienta que permitirá revelar en el hombre su condición divina, entendiendo por “condición divina” lo que queda del ser después de desnudarlo de todo lo que no es.
Todo está subordinado a unas leyes superiores que hacen pervivir lo útil y, a los fines planetarios, la compasión, como pasión-con, ayudaría a la construcción del “NOSOTROS”, que probablemente sea la vocación de conciencia común, final o principio de todo cuanto existe.
La naturaleza esencial de todo es sistémica. Los átomos se agrupan, las moléculas se agrupan, los órganos se agrupan y los hombres se agrupan. Está primado todo lo que lo facilita y mantiene esa cohesión. La compasión, siendo la facultad para sentir al otro y, por lo tanto, entrañarlo, incorporar su experiencia por asimilación, cumpliría ese papel a nivel social. Pero, la compasión no está sujeta a moralizaciones ni escalas de valores. Es un hecho casi biológico. Si me veo en el otro, si en el otro estoy yo, él está en mí y, entonces, ya somos un nosotros a cuidar y defender.... (Seguramente Bin Laden era muy compasivo en su entorno)...
La cuestión es CUÁL ES NUESTRO “NOSOTROS”, teniendo por cierto que, de manera inexorable, en este nivel de evolución en el que nos encontramos, cada vez que encarnamos un NOSOTROS, estamos generando enfrente otros NOSOTROS que percibimos como peligro por “bárbaros” (extranjeros).
¿Cuánto tiempo tenemos que esperar para que el NOSOTROS llamado HUMANIDAD se perciba a sí mismo y se reconozca y manifieste en toda su plenitud? No sabemos, pero merece la pena el esfuerzo. De momento, tampoco nos engañemos en la percepción de ese futuro porque, cuando el bienestar de esa globalidad parezca instalarse, cuando ese Yang parezca mostrar su albura, ya estará haciendo brotar el Yin, el opuesto o complementario del conjunto que la amenace y, por ello, dinamice.
La realidad es esférica y siempre cambiante y, lo mismo que cuando éramos sólo un conjunto llamado familia o tribu había otras que nos fustigaban, en el momento en el que por fin se coagule el macro organismo llamado humanidad, surgirán otros conjuntos u otras “entidades” que pondrán en riesgo nuestra integridad, porque siempre estará presente el mismo equilibrio dinámico de energías constructivas y destructivas, que se consumen y generan mutuamente en la danza incesante de la VIDA… TODO ESTÁ BIEN.
Y, si no, al tiempo.
domingo, 1 de mayo de 2011
La Resistencia – Ernesto Sábato
En el vértigo no se dan frutos ni se florece. Lo propio del vértigo es el miedo, el hombre adquiere un comportamiento de autómata, ya no es responsable, ya no es libre, ni reconoce a los demás.
Se me encoge el alma al ver a la humanidad en este vertiginoso tren en que nos desplazamos, ignorantes atemorizados sin conocer la bandera de esta lucha, sin haberla elegido.
El clima de Buenos Aires ha cambiado. En las calles, hombres y mujeres apresurados avanzan sin mirarse pendientes de cumplir con horarios que hacen peligrar su humanidad. Ya sin lugar para aquellas charlas de café que fueron un rasgo distintivo de esta ciudad, cuando la ferocidad y la violencia no la habían convertido en una megalópolis enloquecida. Cuando todavía las madres podían llevar a sus hijos a las plazas, o visitar a sus mayores. ¿Se puede florecer a esta velocidad? Una de las metas de esta carrera parece ser la productividad, pero ¿acaso son estos productos verdaderos frutos?
El hombre no se puede mantener humano a esta velocidad, si vive como autómata será aniquilado. La serenidad, una cierta lentitud, es tan inseparable de la vida del hombre como el suceder de las estaciones lo es de las plantas, o del nacimiento de los niños.
Estamos en camino pero no caminando, estamos encima de un vehículo sobre el que nos movemos sin parar, como una gran planchada, o como esas ciudades satélites que dicen que habrá. Ya nada anda a paso de hombre, ¿acaso quién de nosotros camina lentamente? Pero el vértigo no está sólo afuera, lo hemos asimilado a la mente que no para de emitir imágenes, como si ella también hiciese "zapping"; y, quizás, la aceleración haya llegado al corazón que ya late en clave de urgencia para que todo pase rápido y no permanezca. ste común destino es la gran oportunidad, pero ¿quién se atreve a saltar afuera? Tampoco sabemos ya rezar porque hemos perdido el silencio y también el grito.
En el vértigo todo es temible y desaparece el diálogo entre las personas. Lo que nos decimos son más cifras que palabras, contiene más información que novedad. La pérdida del dialogo ahoga el compromiso que nace entre las personas y que puede hacer del propio miedo un dinamismo que lo venza y les otorgue una mayor libertad. Pero el grave problema es que en esta civilización enferma no sólo hay explotación y miseria, sino que hay una correlativa miseria espiritual. La gran mayoría no quiere la libertad, la teme. El miedo es un síntoma de nuestro tiempo. Al extremo que, si rascamos un poco la superficie, podremos comprobar el pánico que subyace en la gente que vive tras la exigencia del trabajo en las grandes ciudades. Es tal la exigencia que se vive automáticamente, sin que un sí o un no haya precedido a los actos.
La mayoría de la humanidad es empleada de un poder abstracto. Hay empleados que ganan más y otros que ganan menos. Pero ¿quién es el hombre libre que toma las decisiones? Ésta es una pregunta radical que todos hemos de hacernos hasta escuchar, en el alma, la responsabilidad a la que somos llamados.
Creo que hay que resistir: éste ha sido mi lema. Pero hoy, cuántas veces me he preguntado cómo encarnar esta palabra. Antes, cuando la vida era menos dura, yo hubiera entendido por resistir un acto heroico, como negarse a seguir embarcado en ese tren que nos impulsa a la locura y al infortunio. ¿Se le puede pedir a la gente del vértigo que se rebele? ¿Puede pedirse a los hombres y a las mujeres de mi país que se nieguen a pertenecer a este capitalismo salvaje si ellos mantienen a sus hijos, a sus padres? Si ellos cargan con esa responsabilidad, ¿Cómo habrían de abandonar esa vida?
La situación ha cambiado tanto que debemos revalorar, detenidamente qué entendemos por resistir. No puedo darles una respuesta. Si la tuviera saldría como el Ejercito de Salvación, o esos creyentes delirantes -quizás los únicos que verdaderamente creen en el testimonio- a proclamarlo en las esquinas, con la urgencia que nos separan de la catástrofe. Pero no, intuyo que es algo menos formidable, más pequeño, como la fe en un milagro lo que quiero transmitirles en esta carta. Algo que corresponde a la noche en que vivimos, apenas una vela, algo con qué esperar.
Las dificultades de la vida moderna, el desempleo y la superpoblación han llevado al hombre a una dramática preocupación por lo económico. Así como en la guerra la vida se debate entre ser soldado o estar herido en algún hospital, en nuestros países, para infinidad de personas, la vida está limitada a ser trabajador de horario completo o quedar excluido. es grande la orfandad que cunde en las ciudades; la gran soledad de la persona original es una de las tragedias del vértigo y de la eficiencia.
La primera tragedia que debe ser urgentemente reparada es la desvalorización de sí mismo que siente el hombre, y que conforma el paso previo al sometimiento y a la masificación. Hoy el hombre no se siente un pecador, se cree un engranaje, lo que es tragicamnete peor. Y esta profanación puede ser únicamente sanada con la mirada que cada uno dirige a los demás, no para evaluar los méritos de su realización personal ni analizar cualquiera de sus actos. Es un abrazo el que nos puede dar el gozo de pertenecer a una obra grande que a todos nos incluya.
Si a pesar del miedo que nos paraliza volviéramos a tener fe en el hombre, tengo la convicción de que podríamos a vencer el miedo que nos paraliza como a cobardes. Yo he pasado riesgos de muerte durante años. ¿Sin miedo?. No, he tenido miedo hasta la temeridad pero no he podido retroceder. Si no hubiese sido por mis compañeros, por la pobre gente con la que ya me había comprometido, seguramente hubiera abandonado. Uno no se atreve cuando está solo y aislado, pero sí puede hacerlo sí se ha hundido tanto en la realidad de los otros que no puede volverse atrás. Cuando trabajé en la CONADEP, de noche soñaba aterrado que aquellas torturas, frente a las cuales yo hubiera preferido la muerte, eran sufridas por las personas que yo más quería. Impávido en el sueño, luego me despertaba angustiado y sin saber cómo seguir, pero horas después no podía negarme a escuchar a quienes pedían que yo los recibiera. No podía, era inadmisible que hubiese dicho que no a esos padres cuyos hijos, en verdad, habían sido masacrados.
Quiero decirles que no lo podía hacer porque ya estaba adentro, involucrado. Así es, uno se anima a llegar al dolor del otro, y la vida se convierte en un absoluto. Las más de las veces los hombres no nos acercamos siquiera al umbral de lo que está pasando en el mundo, de lo que nos está pasando a todos, y entonces perdemos la oportunidad de habernos jugado, de llegar a morir en paz, domesticados en la obediencia a una sociedad que no respeta la dignidad del hombre. Muchos afirmarán que lo mejor es no involucrarse, porque los ideales finalmente son envilecidos como esos amores platónicos que parecen ensuciarse con la encarnación. Probablemente algo de eso sea cierto, pero las heridas de los hombres nos reclaman.
Pero esto exige creación, novedad respecto de lo que estamos viviendo y la creación sólo surge en la libertad y está estrechamente ligada al sentido de la responsabilidad, es el poder que vence al miedo. El hombre de la posmodernidad está encadenado a las comodidades que le procura la técnica, y con frecuencia no se atreve a hundirse en experiencias hondas como el amor o la solidaridad. Pero el ser humano, paradójicamente sólo se salvará si pone su vida en riesgo por el otro hombre, por su prójimo, o su vecino, o por los chicos abandonados en el frío de las calles, sin el cuidado que esos años requieren, que viven en esa intemperie que arrastrarán como una herida abierta por el resto de sus días. Son doscientos cincuenta millones de niños los que están tirados por las calles del mundo.
Estos chicos nos pertenecen como hijos y han de ser el primer motivo de nuestras luchas, la más genuina de nuestras vocaciones.
De nuestro compromiso ante la orfandad puede surgir otra manera de vivir, donde el replegarse sobre sí mismo sea escándalo, donde el hombre pueda descubrir y crear una existencia diferente. La historia es el más grande conjunto de aberraciones, guerras, persecuciones, torturas e injusticias, pero, a la vez, o por eso mismo, millones de hombres y mujeres se sacrifican para cuidar a los más desventurados. Ellos encarnan la resistencia.
Se trata ahora de saber, como dijo Camus, si su sacrificio es estéril o fecundo, y éste es un interrogante que debe plantearse en cada corazón, con la gravedad de los momentos decisivos. En esta decisión reconoceremos el lugar donde cada uno de nosotros es llamado a oponer resistencia; se crearán entonces espacios de libertad que puerden abrir horizontes hasta el momento inesperados.
Es un puente el que habremos de atravesar, un pasaje. No podemos quedar fijados en el pasado ni tampoco deleitarnos en la mirada del abismo. En este camino sin salida que enfrentamos hoy, la recreación del hombre y su mundo se nos aparece no como una elección entre otras sino como un gesto tan impostergable como el nacimiento de la criatura cuando es llegada su hora.
Los hombres encuentran en las mismas crisis la fuerza para su superación. Así lo han mostrado tantos hombres y mujeres que, con el único recurso de la tenacidad y el valor, lucharon y vencieron a las sangrientas tiranías de nuestro continente. El ser humano sabe hacer de los obstáculos nuevos caminos porque a la vida le basta el espacio de una grieta para renacer. En esta tarea lo primordial es negarse a asfixiar cuanto de vida podamos alumbrar. Defender, como lo han hecho heroicamente los pueblos ocupados, la tradición que nos dice cuánto de sagrado tiene el hombre. No permitir que se nos desperdicie la gracia de los pequeños momentos de libertad que podemos gozar: una mesa compartida con gente que queremos, unas criaturas a las que demos amparo, una caminata entre los árboles, la gratitud de un abrazo. Un acto de arrojo como saltar de una casa en llamas. Éstos no son hechos racionales, pero no es importante que lo sean, nos salvaremos por los efectos.
Son los expulsados, los proscritos, los ultrajados, los despojados de su patria y de su terruño, los empujados con brutalidad a las simas más hondas. Ahí es donde están los catecúmenos de hoy.
E.Jünger
Lo Peor es el Vértigo.En el vértigo no se dan frutos ni se florece. Lo propio del vértigo es el miedo, el hombre adquiere un comportamiento de autómata, ya no es responsable, ya no es libre, ni reconoce a los demás.
Se me encoge el alma al ver a la humanidad en este vertiginoso tren en que nos desplazamos, ignorantes atemorizados sin conocer la bandera de esta lucha, sin haberla elegido.
El clima de Buenos Aires ha cambiado. En las calles, hombres y mujeres apresurados avanzan sin mirarse pendientes de cumplir con horarios que hacen peligrar su humanidad. Ya sin lugar para aquellas charlas de café que fueron un rasgo distintivo de esta ciudad, cuando la ferocidad y la violencia no la habían convertido en una megalópolis enloquecida. Cuando todavía las madres podían llevar a sus hijos a las plazas, o visitar a sus mayores. ¿Se puede florecer a esta velocidad? Una de las metas de esta carrera parece ser la productividad, pero ¿acaso son estos productos verdaderos frutos?
El hombre no se puede mantener humano a esta velocidad, si vive como autómata será aniquilado. La serenidad, una cierta lentitud, es tan inseparable de la vida del hombre como el suceder de las estaciones lo es de las plantas, o del nacimiento de los niños.
Estamos en camino pero no caminando, estamos encima de un vehículo sobre el que nos movemos sin parar, como una gran planchada, o como esas ciudades satélites que dicen que habrá. Ya nada anda a paso de hombre, ¿acaso quién de nosotros camina lentamente? Pero el vértigo no está sólo afuera, lo hemos asimilado a la mente que no para de emitir imágenes, como si ella también hiciese "zapping"; y, quizás, la aceleración haya llegado al corazón que ya late en clave de urgencia para que todo pase rápido y no permanezca. ste común destino es la gran oportunidad, pero ¿quién se atreve a saltar afuera? Tampoco sabemos ya rezar porque hemos perdido el silencio y también el grito.
En el vértigo todo es temible y desaparece el diálogo entre las personas. Lo que nos decimos son más cifras que palabras, contiene más información que novedad. La pérdida del dialogo ahoga el compromiso que nace entre las personas y que puede hacer del propio miedo un dinamismo que lo venza y les otorgue una mayor libertad. Pero el grave problema es que en esta civilización enferma no sólo hay explotación y miseria, sino que hay una correlativa miseria espiritual. La gran mayoría no quiere la libertad, la teme. El miedo es un síntoma de nuestro tiempo. Al extremo que, si rascamos un poco la superficie, podremos comprobar el pánico que subyace en la gente que vive tras la exigencia del trabajo en las grandes ciudades. Es tal la exigencia que se vive automáticamente, sin que un sí o un no haya precedido a los actos.
La mayoría de la humanidad es empleada de un poder abstracto. Hay empleados que ganan más y otros que ganan menos. Pero ¿quién es el hombre libre que toma las decisiones? Ésta es una pregunta radical que todos hemos de hacernos hasta escuchar, en el alma, la responsabilidad a la que somos llamados.
Creo que hay que resistir: éste ha sido mi lema. Pero hoy, cuántas veces me he preguntado cómo encarnar esta palabra. Antes, cuando la vida era menos dura, yo hubiera entendido por resistir un acto heroico, como negarse a seguir embarcado en ese tren que nos impulsa a la locura y al infortunio. ¿Se le puede pedir a la gente del vértigo que se rebele? ¿Puede pedirse a los hombres y a las mujeres de mi país que se nieguen a pertenecer a este capitalismo salvaje si ellos mantienen a sus hijos, a sus padres? Si ellos cargan con esa responsabilidad, ¿Cómo habrían de abandonar esa vida?
La situación ha cambiado tanto que debemos revalorar, detenidamente qué entendemos por resistir. No puedo darles una respuesta. Si la tuviera saldría como el Ejercito de Salvación, o esos creyentes delirantes -quizás los únicos que verdaderamente creen en el testimonio- a proclamarlo en las esquinas, con la urgencia que nos separan de la catástrofe. Pero no, intuyo que es algo menos formidable, más pequeño, como la fe en un milagro lo que quiero transmitirles en esta carta. Algo que corresponde a la noche en que vivimos, apenas una vela, algo con qué esperar.
Las dificultades de la vida moderna, el desempleo y la superpoblación han llevado al hombre a una dramática preocupación por lo económico. Así como en la guerra la vida se debate entre ser soldado o estar herido en algún hospital, en nuestros países, para infinidad de personas, la vida está limitada a ser trabajador de horario completo o quedar excluido. es grande la orfandad que cunde en las ciudades; la gran soledad de la persona original es una de las tragedias del vértigo y de la eficiencia.
La primera tragedia que debe ser urgentemente reparada es la desvalorización de sí mismo que siente el hombre, y que conforma el paso previo al sometimiento y a la masificación. Hoy el hombre no se siente un pecador, se cree un engranaje, lo que es tragicamnete peor. Y esta profanación puede ser únicamente sanada con la mirada que cada uno dirige a los demás, no para evaluar los méritos de su realización personal ni analizar cualquiera de sus actos. Es un abrazo el que nos puede dar el gozo de pertenecer a una obra grande que a todos nos incluya.
Si a pesar del miedo que nos paraliza volviéramos a tener fe en el hombre, tengo la convicción de que podríamos a vencer el miedo que nos paraliza como a cobardes. Yo he pasado riesgos de muerte durante años. ¿Sin miedo?. No, he tenido miedo hasta la temeridad pero no he podido retroceder. Si no hubiese sido por mis compañeros, por la pobre gente con la que ya me había comprometido, seguramente hubiera abandonado. Uno no se atreve cuando está solo y aislado, pero sí puede hacerlo sí se ha hundido tanto en la realidad de los otros que no puede volverse atrás. Cuando trabajé en la CONADEP, de noche soñaba aterrado que aquellas torturas, frente a las cuales yo hubiera preferido la muerte, eran sufridas por las personas que yo más quería. Impávido en el sueño, luego me despertaba angustiado y sin saber cómo seguir, pero horas después no podía negarme a escuchar a quienes pedían que yo los recibiera. No podía, era inadmisible que hubiese dicho que no a esos padres cuyos hijos, en verdad, habían sido masacrados.
Quiero decirles que no lo podía hacer porque ya estaba adentro, involucrado. Así es, uno se anima a llegar al dolor del otro, y la vida se convierte en un absoluto. Las más de las veces los hombres no nos acercamos siquiera al umbral de lo que está pasando en el mundo, de lo que nos está pasando a todos, y entonces perdemos la oportunidad de habernos jugado, de llegar a morir en paz, domesticados en la obediencia a una sociedad que no respeta la dignidad del hombre. Muchos afirmarán que lo mejor es no involucrarse, porque los ideales finalmente son envilecidos como esos amores platónicos que parecen ensuciarse con la encarnación. Probablemente algo de eso sea cierto, pero las heridas de los hombres nos reclaman.
Pero esto exige creación, novedad respecto de lo que estamos viviendo y la creación sólo surge en la libertad y está estrechamente ligada al sentido de la responsabilidad, es el poder que vence al miedo. El hombre de la posmodernidad está encadenado a las comodidades que le procura la técnica, y con frecuencia no se atreve a hundirse en experiencias hondas como el amor o la solidaridad. Pero el ser humano, paradójicamente sólo se salvará si pone su vida en riesgo por el otro hombre, por su prójimo, o su vecino, o por los chicos abandonados en el frío de las calles, sin el cuidado que esos años requieren, que viven en esa intemperie que arrastrarán como una herida abierta por el resto de sus días. Son doscientos cincuenta millones de niños los que están tirados por las calles del mundo.
Estos chicos nos pertenecen como hijos y han de ser el primer motivo de nuestras luchas, la más genuina de nuestras vocaciones.
De nuestro compromiso ante la orfandad puede surgir otra manera de vivir, donde el replegarse sobre sí mismo sea escándalo, donde el hombre pueda descubrir y crear una existencia diferente. La historia es el más grande conjunto de aberraciones, guerras, persecuciones, torturas e injusticias, pero, a la vez, o por eso mismo, millones de hombres y mujeres se sacrifican para cuidar a los más desventurados. Ellos encarnan la resistencia.
Se trata ahora de saber, como dijo Camus, si su sacrificio es estéril o fecundo, y éste es un interrogante que debe plantearse en cada corazón, con la gravedad de los momentos decisivos. En esta decisión reconoceremos el lugar donde cada uno de nosotros es llamado a oponer resistencia; se crearán entonces espacios de libertad que puerden abrir horizontes hasta el momento inesperados.
Es un puente el que habremos de atravesar, un pasaje. No podemos quedar fijados en el pasado ni tampoco deleitarnos en la mirada del abismo. En este camino sin salida que enfrentamos hoy, la recreación del hombre y su mundo se nos aparece no como una elección entre otras sino como un gesto tan impostergable como el nacimiento de la criatura cuando es llegada su hora.
El mundo nada puede contra un hombre que canta en la miseria.
sábado, 23 de abril de 2011
martes, 5 de abril de 2011
TÓPICOS TÓXICOS - ENAMORARSE
Enamorarse ocurre, pero, amar, se decide. En nuestra sociedad se han pervertido los términos y en el imaginario popular se llama amor al emocionante pero transitorio vendaval de egos en arrebato que el deseo nos hace confundir con cariño. Por suerte, amar es una ciencia y un arte al alcance de nuestro discernimiento y nuestra voluntad de bien. Es el mayor y más reconfortante "sacro~facto".
lunes, 4 de abril de 2011
CÓMO TE LO EXPLICO...
La cultura es pasado,
la memoria está muerta,
lo aprendido es ayer.
Los modelos marchitos
pudren las ideas nuevas,
los sentimientos viejos
ya no sirven al bien
que es descubrir que somos
sólo polvo de estrellas,
instrumentos del cielo
que nos talla a cincel.
Vaciarnos, sonar, reír
desapegarnos, vagar
por las montañas
de la paz y el no ser,
ese es nuestro destino
de viajeros eternos
habitando un presente
que invita a amanecer.
Vicky / Abril 2011
Vicky / Abril 2011
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| "Piel de árbol navegando al infinito" Fotógrafo: Vicky Moreno |
viernes, 25 de marzo de 2011
Los discípulos de Jesús
de Marilo Lopez Garrido, el Lunes, 21 de marzo de 2011 a las 15:09
Si un equipo psicólogos especialistas en evaluación de la personalidad y el desempeño intelectual analizara la personalidad del grupo elegido por el Maestro de Maestros, probablemente los desaprobarían a todos, salvo a Judas.
Judas era el mejor preparado de los discípulos. Tenía las mejores características de personalidad, excepto una: no era una persona transparente. Nadie sabía lo que pasaba en su interior y esta característica corroyó su personalidad como una polilla. Lo llevó a ser infiel consigo mismo, a perder la capacidad de aprender.Lo poseía todo para destacarse, pero se encerró en el calabozo de sus conflictos. Antes de traicionar a Jesús, se traicionó a sí mismo. Traicionó su conciencia, su amor a la vida, su fascinación con la existencia. Se aisló, se volvió autopunitivo.
El mayor vendedor de sueños de todos los tiempos, contrariando la lógico, eligió un grupo de jóvenes que se hallaban en absoluto preparados para la vida ni para ejecutar un gran proyecto. Los discípulos corrieron riesgos al seguirlo, pero él corrió riesgos incomparablemente mayores al elegirlos.
Disponía de poco más de tres años para enseñarles. Un lapso brevísimo para transformarlos en el mayor grupo de pensadores y emprendedores de esta Tierra. Ansiaba infundir sabiduría en esas personalidades rudas y complicadas , y volverlos capaces de encender el mundo con sus ideas, y cambiar así para siempre la historia de la humanidad.
La elección de Jesús no se basó en lo que aquellos jóvenes poseían, sino en lo que era él. La confianza en si mismo y la osadía de Jesús no tienen precedentes. Él Prefirió empezar de cero y trabajar con jóvenes por entero descalificados,a trabajar con fariseos saturados de vicios y prejuicios. Prefirió la piedra bruta a la mal cincelada.
Augusto Cury
jueves, 24 de marzo de 2011
miércoles, 23 de marzo de 2011
¿SIRENA O BALLENA?
Hace unos días, en una ciudad de Francia, un cartel, con una joven espectacular, en el escaparate de un gimnasio, decía:
‘ESTE VERANO ¿QUIERES SER SIRENA O BALLENA?’Dicen que una mujer joven-madura, cuyas características físicas no han trascendido, respondió a la pregunta publicitaria en estos términos:
Estimados Srs :
Las ballenas están siempre rodeadas de amigos (delfines, leones marinos, humanos curiosos). Tienen una vida sexual muy activa, se embarazan y tienen ballenitas de lo más tiernas a las que amamantan. Se lo pasan bomba con los delfines poniéndose moradas de camarones. Juegan y nadan surcando los mares, conociendo lugares tan maravillosos como La Patagonia, el mar de Barens o los arrecifes de Coral de la Polinesia. Las ballenas cantan muy bien y hasta graban CD’s. Son impresionantes y casi no tienen más depredador que los humanos. Son queridas, defendidas y admiradas por casi todo el mundo.
Las sirenas no existen. Y si existieran harían colas en las consultas de los psicoanalistas argentinos porque tendrían un grave problema de personalidad ‘¿mujer o pescado?’ No tienen vida sexual porque matan a los hombres que se acercan a ellas, además por donde?. Así que tampoco tienen hijos. Son bonitas, es verdad, pero solitarias y tristes. Además ¿quien querría acercarse a una chica que huele a pescadería?.
Yo lo tengo claro, quiero ser ballena.
PD : En esta época en que los medios de comunicación nos meten en la cabeza la idea de que solo las flacas son bellas, prefiero disfrutar de un helado con mis hijos, de una buena cena con un hombre que me haga vibrar, de un café con pastas con mis amigos. Con el tiempo ganamos peso porque al acumular tanta información en la cabeza, cuando ya no hay más sitio, se reparte por el resto del cuerpo, así que no estamos gordas, somos tremendamente cultas. Desde hoy cuando me vea el culo en el espejo pensaré, madre mía, lo lista que soy…
martes, 22 de marzo de 2011
SONETO XLVI - NERUDA CON MÚSICA DE BUSTO
Maravillosa experiencia la de cantar las obras de Javier Busto el pasado sábado en el Taller Coral celebrado en la Univ. Carlos III. La música que ha puesto a este precioso soneto de Neruda me hizo estremecer y dificultó grandemente la emisión de voz. No era mi mejor día, pero se puede disfrutar mucho a lágrima viva. Mientras lo montábamos sentí que eso es lo único que merece la pena: Vivir entusiasmados y entregados. Como el maestro dijo "lo que me pone los pelos de punta vale y, si no, no vale".
domingo, 20 de marzo de 2011
jueves, 24 de febrero de 2011
sábado, 5 de febrero de 2011
SOBRE LA TERNURA – Por Vicky Moreno
He de confesar que soy adicta. He tenido que madurar para comprender que soy adicta… a la ternura. No tengo otro vicio, pero, por más que me avergüence la dependencia de ningún tipo, mi bienestar está muy condicionado por la cantidad de la que doy o recibo. En el darla, hay vocación y misión; en recibirla, descanso. En sentirla, no hay oprobio; en pedirla, humillación.
Pero, para mi sorpresa, no me diferencio mucho de otras mujeres. Tan sólo en el hecho de darme cuenta, lo que me permite observarme y mantener un cierto estado de alerta para intentar no caer en la mendicidad o en el atraco, y una especie de soberanía, muy zurcida pero suficiente, para impedirme ejercer de Margarita Gautier, lapa parásita petrificada o bufanda de nadie.
Porque hay adictos y adictos, y una será adicta, pero muy digna.
Hay muchas, muchísimas adictas (y menos adictos) a la ternura. Probablemente sea la adicción más concurrida y causa original de muchas otras. Lo ves en la calle desde la más tierna edad. Los signos son muchos y pasan incluso por el atuendo de los jóvenes, que en algunos casos parecería propio de quien pide “guerra” y, en el fondo, sólo representa el grito de la necesidad de reconocimiento y ternura de quien lo porta.
Todo el mundo necesita consideración, contacto y cariño. Los bebés humanos y animales mueren si no obtienen su dosis diaria. Después, sigue siendo igual, no nos engañemos, pero, por una extraña perversión de nuestra sociedad, mediocre y medieval, el hambre natural se esconde, el consumo de ternura casi se ridiculiza, y se relega a fiesta carnal de alcoba, de la que tampoco se habla más que para presumir y bromear con la menos relevante de sus manifestaciones, que es el coito. La mera coyunda, que sólo sería la metadona del alma sedienta, ha logrado instalarse en nuestra iconografía y lenguaje en un grado tan superlativo, que ha desplazado y casi ridiculizado toda otra manifestación, como si la gracia de una gárgola elegante y de indudable mérito en sí misma, ocultara a los ojos la grandeza de la catedral que hay delante, detrás y en medio.
No, señores, no. Yo soy adicta, pero no tonta. No nos confundamos. Ni a ustedes ni a mi nos interesa tanta ñoñería televisiva, ni tanto folletín debilitante, ni tanto folletón descerebrado. No son verdad. No es verdad que queramos eso, ni admiremos eso, ni seamos eso. Todo ese escándalo mediático, esa búsqueda de notoriedad de los payasos que aparecen (perdón a los del circo), sólo es necesidad de ternura. Ni más ni menos.
El lenguaje engaña, se llena de tópicos y de subterfugios porque los que presumen de metrosexuales venden más hoy en día que quienes muestran su hambre de caricias y afecto; pero, en realidad, nada es el meter sin ellos. Es en el acariciar, en el contemplar, en el compartir, en el descubrir, en el proyectar, en el reír, donde está la catedral. Es permitir que el deseo vaya más allá de la cárcel genital, se exprese, se haga libre, se atomice y se concentre un millón de veces, hasta que estalla.. o no estalla, pero te diluye y te renace en el otro.
Las mujeres tenemos fama de incomprensibles. Algo de eso hay, debido al problema inicial de que nuestro cerebro está generalmente más capacitado para abarcar y abrazar, mientras que el del hombre manifiesta más habilidad para apretar y alcanzar. Perfectos ambos y complementarios, pero difíciles de acoplar cuando se retan o se ponen picudos. No importa. No preocuparse. Alégrense las parejas, porque les voy a dar una fórmula infalible: Cuando sus colegas parezcan expresar en forma extraña o contradictoria sus necesidades, no están bobos o han dormido mal. Acuérdense. Es ternura, dulzura y cordura lo que piden. Es hambre de coherencia y cariño. Sus quejas no son lo que parecen, es falta de mimos. Sus caprichos, no son lo que manifiestan, es falta de reconocimiento. Su distancia no es de desapego, es falta de calor.
Para la mayoría de las mujeres, una caricia vale más que una joya y una joya no suple a una caricia, salvo cuando la adorna y simboliza. Para la mayoría de los hombres, un regalo no compensa un rechazo, y en el alma del niño queda grabada a fuego la inseguridad que produce.
Todos queremos ser especiales y sólo lo medimos en el aprecio continuado, manifiesto y sincero del otro.
¿Es tan difícil de entender?
¿Soy sólo yo?
¡Un poco de ternura… por favor!
SÓLO DOS FUERZAS – Por Vicky Moreno
(A propósito de los 10 Mandamientos de la Manipulación de Chomsky)
Chomsky sigue teniendo razón. Es un peligroso lodazal éste de la manipulación y hay que cuidarse mucho para no caer en él. Lo que no dice es que los manipuladores son los primeros manipulados por su propia insensatez. No son ladinos interesados y egoicos calculando su beneficio, sino marionetas manejando marionetas en este gigantesco teatro que, como el propio Chomsky apunta, hace de lo habitual derecho, y da carta de naturaleza a la idiotez ambiente. ¿Es un manipulador el publicista que camufla entre imágenes con astuta pericia el producto que yo no voy a poder evitar consumir?.. No. Tan sólo es un trabajador, o incluso un artista, consagrado por los aplausos sin crítica ni autocrítica que recibe. ¿Es un monstruo quien dirige con mano firme un país, guardando para sí y los suyos la fortuna que considera que por derecho le pertenece?.. No. Es un producto decadente e indecente (los hay menos evidentes e igual de indecentes) de la inercia que le alzó al poder, le consintió permanecer y hasta le hizo honores durante décadas. Porque la conciencia se hace perezosa y es casi heroico pedirle a nadie que se levante desde el sofá del reconocimiento y el confort de las almohadas que todos creemos merecer. Un pequeño mérito inicial y ya estás ahí arriba, justificándolo todo.
Sólo dos fuerzas en el universo, que engloban a todas las otras y copulan en una danza constante: Eros y Thanatos. Una ascendente y otra descendente. Una centrífuga y otra centrípeta. Una vivificante y otra adormecedora. Tenemos siempre delante las opciones posibles y, en cada decisión que tomamos, por pequeña que ésta sea, empujamos a un dictador o liberamos a un pueblo; abrazamos la luz o perdemos nuestros colores en la oscuridad.
Eso es el despertar. Tomar conciencia de nuestra constante responsabilidad de elegir y sus consecuencias, utilizando toda la información a nuestro alcance y ejerciendo como seres conscientes en cada pensamiento, en cada palabra, en cada oportunidad y en cada minuto. No hay posibilidad de abstenciones inocentes. Mientras vivimos, estamos en trayecto y nuestras acciones u omisiones suman o restan, nos elevan o hunden. El punto muerto sólo es la muerte.
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