En el excelente blog de Juliana Luisa “Píldoras para pensar” http://pildoras-para-pensar.blogspot.com/2011/10/los-mercados.html se analiza con maestría el mecanismo feroz de los mercados, convertidos en mecanismos víricos, así como las implicaciones políticas y sociales, que amenazan a la propia democracia.
Qué son todos esos Frakenstein, todos esos “mecanismos víricos”, más que la propia ambición del ser humano. No creo que los malos sean los otros. Todos queremos el máximo beneficio de nuestras inversiones y no nos preocupamos de la sangre que vaya a financiarse con nuestro ahorro. De hecho, si no invertimos más en los bancos éticos, el cultivo ecológico o el comercio justo es porque no "nos sale a cuenta", es decir, pueden no parecernos tan solventes como un banco "grande" (aunque sucio); decimos no tener seguridad de que sean auténticamente "ecológicos" (los caros productos sanos), ni nos queda claro que no haya que comprar los baratos productos made in china cuando hace nada nos sumábamos a cuestaciones por "los chinitos"... Miramos sólo lo que nos conviene mirar y damos la espalda con argumentos espurios a lo que no nos da el máximo beneficio posible.Sin embargo, nuestro juicio crítico es feroz para con la conducta ajena
Somos mamíferos depredadores y estamos contaminados de ambición y afán de lucro. Pecamos poco cuando tenemos poco, pero que no nos pongan en el sitio y hora de justificar la licitud de nuestro beneficio, porque, ignorando con cualquier excusa la magnitud de los efectos o sintiéndonos avalados por el ejemplo de los que hacen lo mismo, también seríamos Judas.
Si además, los listillos nos juntamos, la justificación ciega está garantizada. Los movimientos depredadores, entonces, se hacen institucionales y desalmados, y se llaman Agencias, “Gs”, entidades financieras, iglesias, Banco Mundial o Fondo Monetario Internacional.
¿Quién se está ganando el infierno sin darse ni cuenta? ¿A quién le está interesando y mucho la crisis? El dinero no se evapora ¿a dónde se ha ido sin darse ni cuenta? ¿A qué “fuerza oscura” le está rentando el que sigamos alimentando el miedo y el pesimismo? Los mercados no tienen alma, sólo hambre, y, como mi madre decía, no hace falta siquiera la inteligencia porque "dinero llama a dinero".
Pero, después de todo, en el fondo de la cuestión, no son los bancos, locales ni mundiales, ni siquiera los mercados financieros -al fin y al cabo esos sólo son los vehículos en los que se mueve-. Es el tiranosaurio de la ambición humana, que ciega y envilece y, de tanto engordar, ha volcado el platillo de la balanza, amenazando no sólo a nuestros embriones de democracia, sino a los valores y los ideales de libertad, igualdad y fraternidad que un día unieron a los hombres y fecundaron nuestras constituciones. No queda otra que colaborar en su extinción.
Habrá que partir de cero, aceptar nuestra cuota de compromiso en el cambio y empezar por ejercer ciudadanía y autocrítica.Pensar mejor y hacer lo mejor en casa, en el trabajo, en sociedad, en política, pero sobre todo en educación: enseñar (siempre con el ejemplo) a cultivar la ética, la transparencia, la sencillez, la justicia, la empatía, la alegría, el respeto, la solidaridad, la compasión.... En definitiva, el pensamiento positivo, las normas basadas en valores y las conductas impulsadas por la serenidad, la bondad y el discernimiento.
Sé que suena utópico en estos tiempos selváticos, sé que parecen aspectos arrollados ya por la apisonadora del consumo, pero se impondrán por pura supervivencia de la especie.
Aunque nosotros no lleguemos a ver los resultados… esta inversión sí que es rentable.
Hoy tuve la fortuna de compartir la interpretación a nueve voces de la Misa Pro Victoria, de Tomás Luis de Victoria, con setenta compañeros, venidos algunos de puntos distantes de nuestra geografía, bajo la Dirección Musical de Ana Fernández-Vega y Dirección Técnica de Alfredo García.
En sólo día y medio de ensayos, las instrucciones y certeros ejemplos de estos magníficos maestros hicieron que el I Curso de Polifonía Española que organizaba el Coro de Cámara de Madrid nos motivara y embriagara a todos, consiguiendo que sonara hasta bien una obra tan delicada y compleja como esta.
Sentirse en medio de este estallido armónico es algo difícil de describir y, por momentos, difícil también de experimentar sin que las emociones te hagan perder el control del compás, pero eso sería algo terrible, cuando no te puedes permitir ni un segundo de vacilación o pérdida de “espacio” en el instante de emitir la voz, ni cabe un mínimo desajuste en timbre, intensidad, carácter, entonación o empaste entre los componentes de las nueve cuerdas, que han de sonar como fue previsto por el homenajeado compositor.
Siempre me he preguntado cómo los músicos, y los directores especialmente, pueden hacer correr su visión casi holográfica por el pentagrama, percibiendo a la vez -y avisando con precisión- de todo lo que sucede en esos anchos pasillos sonoros. En esta ocasión, Ana se las apañó magistralmente con las nueve pistas y Alfredo hizo que paseáramos por ellas con la seguridad que nos daba notar nuestro instrumento bien ajustado.
Cantar es un privilegio que nunca podré agradecer bastante; por eso, cuando surge la oportunidad de aprender algo nuevo de personas expertas, compartiendo buenos momentos con otros cantantes, siento la necesidad de aprovecharlo y, como ha sucedido esta vez, termino profundamente agradecida a todos los que se han tomado la molestia de organizar un evento del que obtengo tanto a cambio de tan poco.
Muchas gracias por este curso al Coro de Cámara de Madrid.
Muchas gracias a cuantos seres humanos produjeron y producen belleza.
Me regalan una versión para coro de este maravilloso adagio que abrió nuestro concierto del sábado, pero interpretado por la orquesta...y, pese a que fuera concebido así, yo necesito cantarlo. Cuando se experimenta la sensación de estar siendo música, ya hay veces que no te vale con sólo escucharla.
Cantar me transporta a un lugar sin tiempo donde los sentimientos no son un producto menor, sino que sólo ellos lo ocupan todo, como si esa fuera nuestra naturaleza esencial y vocación superior.
Aunque el lenguaje popular usa indistintamente ambos términos, yo encuentro una diferencia esencial: Las emociones nacen y los sentimientos se hacen. Es decir, para mí, los sentimientos están dos pasos después, porque son el producto resultante de atomizar lo emocional, difuminar el ego y sublimar la razón. Emocionarse es un instinto provechoso para la especie, pero sentir es una elaborada facultad cargada de consciencia, discernimiento y abandono en LO QUE ES.
Del mismo modo, querer y amar, no deberían ser sinónimos porque, hasta en su etimología, refieren la gran diferencia de grado y calidad que existe entre el apego del “querer” y la voluntad de bien que es “amar”.
Digno de ser visto con todos los sentidos y la conciencia abiertos. Tiene joyas como estas:
"La democracia es que los ciudadanos cuenten, no que sean contados"
¿Podemos gastar cada día 4.000 millones de dólares en armas, mientras se nos mueren de hambre más de 70.000 personas.... pero es que estamos locos, o qué?
"Vd. puede distraer a la masa, a la gente que es buena, durante un tiempo, pero no mucho tiempo. Yo creo que ese tiempo se está terminando".
ASI SEA.
Mi amigo Augusto me descubre a este maravilloso pianista una noche como la de hoy, con todos los poros abiertosde par en par. Se cuela por ellos su música cargada de energía y sensibilidad, y pienso si el río de la vida, cuando discurre entre montañas de dificultad, concentra su fuerza y rapidez en proporción directa a la angostura de la que escapa.
Ninguno firmaríamos por aceptar nuestras estrecheces o limitaciones y, de hecho, cuando llegan, solemos lamentarnos o buscar paliativos, en lugar de concentrar recursos y fluir en ese torrente vivificante hacia el lugar en el que el destino nos espera.
No es lo que pasa, sino lo que hacemos con lo que pasa, lo único que importa y, si matamos al dragón del miedo, el elixir de sus propios colmillos nos hace grandes, nos hace buenos y nos hace bellos.
Es arte, belleza y virtuosismo arquitectónico, pero me provoca otra reflexión:
Parece increíble que el hombre común, estando "tan acá", con toda su codicia, materialismo y pequeñeces, haya dedicado tanto tiempo y tantos medios a asegurarse el "más allá", construyendo megalópolis y monumentos a sus dioses o a sus muertos.
Ha sido redundante el mensaje de amor y sencillez que nos dejaron todos los que quisieron redimirnos en cualquier lugar y momento histórico, y ha sido paradójico el uso que hemos hecho de él.
¿Será que la fuerza del temor es más potente que la del amor? ¿Será por eso que los grandes maestros no habitaban los templos ni los palacios? ¿Será el reconocimiento de la sencilla y hermosa realidad esencial que habitamos el gran cambio pendiente para la sociedad y para el hombre?
Todavía seguimos construyendo imperios y monumentos a la nada que, a pesar de todo, dejan el testimonio de la belleza de su diseño y la grandeza de ese sacrificio; aunque también las horas de vida que se emplearon, el hambre de los que morían fuera y la cantidad de sueños que se sepultaron dentro, tapizan sus paredes.
Hace tiempo que vengo pensando que la más grave amenaza a nuestra capacidad de progreso realista y equilibrado somos nosotros mismos y nuestra tendencia al pesimismo y la dramatización. Si podemos escoger una opinión o un juicio entre cien multicolores que floten en nuestra cabeza, serán siempre los más oscuros y fatalmente premonitorios (y, si no lo hacemos, nos tacharán de ilusos). ¿Por qué? Por herencia cultural, porque los pesimistas parecen más inteligentes, por miedo, por falta de información y porque nuestro cerebro está programado para prevenir peligros... Nos cargamos la alegría por miedo a perderla. Nos cargamos la hermosura real de lo que nos rodea por no mirarla. Nos cargamos el bienestar por no valorarlo y agradecerlo. Nos cargamos la felicidad por no compartirla.…Pero como lo hace todo el mundo...¡La ignorancia es el mayor peligro contra el que luchar!
Qué gran poeta es Joaquín Sabina. El premio que merece su poesía es tan grande o mayor que los que recibe su música. Merece estar entre los grandes rapsodas de la historia. Espero que no se lo reconozcan a título póstumo.
JOAN MELÉ es un pensador atípico. Su capacidad de análisis es tan grande como su facultad como divulgador sencillo, así como su compromiso como profesional moderno. No hay que perderse ni una palabra de su mensaje. Estamos perdidos en el reino del consumo, cuando todos deberíamos, como en la Grecia clásica, aspirar a gozar de la "escoley", es decir, la cultura, el cultivo del espíritu como realización más alta, usando el discernimiento y la inteligencia emocional en todas nuestra decisiones, para que ese sea el único camino hacia el que se enfoquen nuestros programas económicos, políticos y educativos si queremos hacer realidad los ideales supremos de Libertad, Igualdad y Fraternidad que animan el fondo de cualquier cambio verdadero.
Estoy un poco espesa esta noche y me vais a ayudar a reflexionar sobre la frase de este premio Nobel, oscarizado y polémico dramaturgo.
Considero a la democracia un gran avance social, al permitir que cada hombre pueda expresar e impulsar las ideas que le aniden en el alma. De eso no me cabe ninguna duda. Sin embargo, si observo precisamente lo que anida en el alma de las mayorías que veo reflejadas en los índices de audiencia de la tele, de los estadios, de los grupos violentos, incultos insolentes, vips arrogantes, demagogos pedantes, analfabetos emocionales o reivindicativos parásitos, se me cae la mismísima a los pies.
A fuer de ser sincera, tengo que decir que no quiero sumar ahí, que no quiero que me relacionen con ellos y ni siquiera juntarme (...yo que soy tan gregaria) para opinar de nada, no vaya a ser que, dada mi condición eterna de esponja, se me pegue algún chapapote de esos y luego no haya forma de soltarlo.
Y aquí viene el lío porque ¿cómo voy a querer entonces que, en uso de su derecho democrático, sean las mayorías las que decidan los destinos de mi país, de mi planeta?...Y Vds./vosotros entenderéis que nada más lejos de mi ánimo que algún atisbo de clasismo, dada mi condición de amorosa servidora de la condición humana y humilde aprendiz de todo, sin categoría social alguna.
Vamos, que no veo por donde coger este ascua, ni resultado electoral que pueda satisfacerme, por el mero hecho de que siempre será por definición resultado de la mayoría incompetente.
¿Pensarán lo mismo los políticos y por eso, en un secreto a voces, organizan programas clónicos plastificados y campañas puramente mediáticas? Se trataría de pasar el trámite, ignorando a las minorías conscientes y consiguiendo el mayor número de votos de los inconscientes, para luego hacer lo que les dé la gana, dado que la mayor parte de los que les han votado ni siquiera se han leído lo que votaron ni después van a pedir cuentas de ninguno de los desmanes que, con nuestro dinero y en nombre de sus votantes, se permiten.
¡Qué locura! En mi nombre, no. Por favor.
Y, si este festín de egos es la democracia y a estos lodazales nos ha llevado... ¿cómo la perfeccionamos o con qué la sustituimos? ¿Deberíamos poner en juego la imaginación y empezar a pensar en diseñar algún tipo de meritocracia?
Sola, condenada a estar sola o con los otros solos, reflexivos y raros. A coro con las minorías, que, como son tan suyas, nunca se organizan y nunca suman. Qué cruz. La próxima vez me pido renacer como geranio.
No me cabe duda de que todos buscamos la paz, la libertad, la justicia y el bien común. Cuando estos valores se pervierten por la codicia de unos cuantos es absurdo que nos entretengamos debatiendo de qué partido o color son los virus o los antivirus, porque es urgente la acción terapéutica eficaz si no queremos que la sepsis institucional se extienda y termine haciendo inevitable la amputación o, lo que es peor, haga incompatible con la vida nuestro actual modelo de civilización. Al igual que se trata una infección abordando la erradicación del mal y sembrando nuevos hábitos higiénicos, desinfectemos nuestros corazones, vaciemos sótanos nauseabundos y trabajemos juntos por un orden social basado en valores. No podemos criticar sino agradecer cualquier iniciativa al respecto, venga de donde venga, porque la costumbre de sobrevivir en esta febril inmundicia nos ha saturado el olfato, abotargado el corazón y anestesiado el ánimo. No queda tiempo para seguir aplazando la inteligencia y la bondad más antiséptica y eficiente.