sábado, 14 de abril de 2012

¿QUÉ SUEÑAN LOS AUSENTES? Por Vicky Moreno


http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=NKDXuCE7LeQ

Este vídeo me ha hecho reflexionar sobre la naturaleza de la lucidez, tan estudiada como poco conocida. Aparentemente, muestra a un ser humano acabado, sumido en un limbo inánime y vacío que produce piedad. Más que una plácida ausencia, lo que parece que su cuerpo acepta y su mente transita es la antesala de la muerte.
De pronto, el alma de la música conecta sus deshilachados recuerdos y rescata fogonazos de pasión dormida, para mostrarnos un trailer borroso de las ruinas de su biografía, que emerge de no se sabe dónde, con la misma energía con la que se agarra lo escurridizo o la angustia con la que se trata de acreditar lo amado que se fue.
Nada sabemos de esos callejones oscuros donde ya no alcanza el sol a alumbrar y a duras penas se diferencia el día de la noche. Desde nuestra orilla definida, ese espacio de tinieblas produce pavor y preferimos no mirar antes que investigar nuestro vértigo o nuestra ingravidez. Pero ¿es tal el limbo?
Yo veo el Universo como una sinfonía compleja que resulta inaudible e inimaginable para las propias criaturas que conformamos ese hermoso conjunto armónico, por causa de nuestra propia diminutez. Como partículas subatómicas, sólo percibimos algo que podría representarse como ruidos de ceros y unos, y que, para mayor confusión, nuestra cultura refuerza en combinatorias infinitas que llamamos "realidad".
            Afortunadamente, estamos programados para tener siempre la posibilidad de salir de esa matriz, alejar nuestra perspectiva y comprobar que somos observadores, al tiempo que notas, de esa inimaginable composición integral.
            Los místicos y meditadores de todos los tiempos lo trataron de referir con una curiosa expresión unánime: "hacer el silencio interior" (cosa imprescindible para poder "oír", tanto física, como mental o espiritualmente).  ¿No es esto lo que subsume nuestra conciencia en un espacio-tiempo diferente que para algunos es “enajenación” y para otros “estados de conciencia ampliada”?
Todo lo que nos centrifuga nos libera en mayor o menor grado, pero la principal fuerza centrifugadora es el amor, aunque a veces esa liberación tiene otras caras. Cualquier entrega desinteresada del yo, el desapego y la aceptación que dejan como regalo el dolor y las experiencias vitales bien elaboradas, son puertas al infinito.
La desconexión paulatina que hacen muchos enfermos de Alzheimer y que en este vídeo contemplamos, bien pudiera ser un mecanismo de la naturaleza para producir un tránsito amable de esa partícula, emigrando desde la cárcel de la personalidad hacia la libertad. Todos hemos de hacer, más deprisa o más despacio, ese trayecto en el que nos olvidamos de lo aprendido, perdemos densidad y nos difuminarnos, pero no podemos afirmar si es regresión o es progresión, y nunca sabremos si la mirada sin foco de estos “puros de corazón” se pierde ante las puertas de la nada o refleja ese vacío en el que “el sonido de las horas se convierte en música”, del que hablaba Gibrán.
Todo aquello que, antes inconexo, sólo era ruido, pasamos a poder contemplarlo organizado como notas, armonías y melodías que nos dan referencia de eso que se ha convenido en llamar "Eternidad", y que, muy probablemente, sólo perciben los que despegaron de tanta densidad, es decir, “los que tienen oídos para oír”. 

                                                                                  Vicky /
                                                                                              Abril 2012

Nota:  Yo también quisiera un día oír. Mientras tanto, mucha música.

lunes, 9 de abril de 2012

LAS RELACIONES HUMANAS A LA LUZ DE LOS PRINCIPIOS DE LA BIOÉTICA Por Vicky Moreno






Los seres humanos tenemos la mala costumbre (y la tendencia natural) de justificar hasta el absurdo los medios que empleamos en la persecución de nuestros fines, ignorando el mal que causamos como consecuencia de nuestras acciones u omisiones, tanto cuando nuestros instintos nos piden no movernos de donde nos encontramos cómodos, como cuando nos empleamos en conseguir lo que nos apasiona, secuestrando nuestro cerebro la información sobre los “daños colaterales” que la inercia o la obsesión provocan.
En este sentido, nuestra capacidad de espanto llegó a una de sus cimas históricas cuando se descubrieron los macabros datos sobre los “accidentales fallecimientos” y los “daños colaterales” de los experimentos médicos llevados a cabo por los prestigiosos facultativos al servicio de Hitler. Todos pensaban que hacían lo “correcto” (¿locura colectiva?, ¿hipnosis?, ¿pereza mental?, ¿anestesia moral mimética?)
 Los rápidos avances tecnológicos que comenzaron el siglo pasado aceleraron el cuestionamiento de si todo lo que podía ser investigado se debía investigar, si todo lo que podía ser curado se debía curar, si todo lo que podía ser fabricado se podía fabricar, y si todo lo que podía ser hecho o dicho se podía hacer o decir.
 Hay aún personas que defienden el progreso tecnológico en forma incondicionada y aquellos que consideran que la tecnología no es un fin en sí misma, sino que debe estar al servicio del ser humano y de forma controlada bajo criterios éticos.
La labor científica y médica ha estado teñida de mucho altruismo y heroicidad, pero también de prepotencia y paternalismo. Los resultados eran medidos por su eficacia neta, es decir, por su capacidad de llegar al fin perseguido, fuera éste el descubrimiento, la curación o la mejora de la patología tratada, pero sin considerar el bien integral del paciente, su entorno, valores, cultura, sentimientos y percepción de esa realidad que le viene impuesta, a menudo sin diálogo ni consenso, aunque hubiera sumisión o inclusive consentimiento.
         Tras la implantación de los Comités de Ética en todos los centros de decisión, pasó a imponerse el debate ético y a proponerse y utilizarse los Principios de la Bioética como parámetros para el análisis.  Poco a poco este discurso alcanzó incluso al mundo empresarial, acuñándose términos paralelos que querían contemplar la gestión ética de los recursos, los intereses de todas las partes intervinientes en cada proceso, las consecuencias de su interacción y la mejor forma de llevar a cabo el fin común sin maleficencia, con justicia, con la máxima beneficencia y respetando las peculiaridades y autonomía de los individuos.
         No quiero aquí profundizar en este apasionante mundo de la bioética ni en las desviaciones que todo esto ha sufrido en los últimos años por causa de los distintos actores e intereses en juego, sino analizar si estos cuatro concisos principios tan exitosos pueden ser de aplicación práctica en el ámbito de las relaciones humanas y, más específicamente, en el de las relaciones de pareja.
El criterio fundamental que anima a la bioética es el respeto al ser humano, a sus derechos, a su dignidad y a su bien, en sentido profundo. Por eso, los cuatro principios establecidos: No Maleficencia, Autonomía, Justicia y Beneficencia, son faros que pueden iluminar muchos otros códigos de conducta.
El mundo de las relaciones humanas parece estar a años luz de los métodos de la investigación científica y tecnológica, pero quiero hacer una reflexión sobre la necesidad que existe ante cualquier interacción humana de adoptar rigor y disciplina para el análisis metódico de sus conflictos, así como la necesidad de cualquier disciplina de aproximar el conocimiento científico, el discernimiento y la conciencia a sus procedimientos y postulados.
Hay en general un inexplicable descuido sobre la necesidad de un abordaje multidisciplinar y una buena dosis de humildad que permitan el aprendizaje continuo imprescindible para acometer el tratamiento de los conflictos de relación, que, por ser comunes al género humano, cualquiera ve posible resolver de manera doméstica (“como siempre se ha hecho”), al igual que los galenos de antaño consideraban innecesario poner cualquier cosa distinta que su “ojo clínico” para el diagnóstico y tratamiento de las patologías de toda la vida. Pueden darse las resoluciones maravillosas que la intuición anuncia, pero, en ambos casos, ese atrevimiento puede conllevar también graves consecuencias, incluida la muerte del paciente o de la relación.  
Se puede partir entonces de la base de que Ciencia, Conciencia, No Maleficencia, Paciencia, Estudio, Beneficencia, Justicia y Respeto a la Diferencia y la Autonomía, podría ser una buena fórmula tanto para averiguar qué-cómo-cuándo firmar, qué-cómo-cuándo fabricar, qué-cómo-cuándo comprar, qué-cómo-cuándo investigar, qué-cómo-cuándo diagnosticar, qué-cómo-cuándo recetar, qué-cómo-cuándo operar, qué-cómo-cuándo abordar una enfermedad o una persona, qué-cómo-cuándo hablar, qué-cómo-cuándo callar…. y cualquier otra situación decisoria que requiera la deliberación sobre alternativas.
Es frecuente todavía encontrar personas que defienden que basta con hacer lo justo o lo legal para ser buena persona y cumplir con el deber moral de cuidado. Nada más lejos de la realidad. Como es sabido, lo ético está un paso más allá de lo justo o lo legal y, de hecho, hay situaciones que, aún cumpliendo con la justicia y la legalidad en vigor, pueden ser poco éticas, y otras que ofrecen un pobre resultado ético si sólamente se resuelven haciendo lo que consideramos justo o lo que manda la ley.
Por eso, una persona consciente no puede aspirar tan sólo a ser justa si no se preocupa por ser, además, no maleficiente, benevolente, observador y respetuoso con la autonomía y diferencia del otro.
Y aquí hemos llegado al colofón del planteamiento de la aplicación de los principios de bioética a las relaciones humanas.
Podría resumirse que, sea cual sea la relación, no queremos bien si no queremos a la luz de estos principios.
 El primero de ellos (primum non nocere), la No Maleficencia. Evitar hacer el mal debe regir la conducta básica, teniendo en cuenta que, para ser no maleficiente, hay que estudiar al compañero/a y ser conscientes de que, además de la parte objetivable del mal que podamos hacer, es preciso tratar de evitar todo lo que el otro percibe como lesivo, siempre que no entre en conflicto con nuestro propio derecho de Autonomía.
Igualmente, la Justicia es una conducta de orden superior y obligatoria que, como decíamos, no exime del cumplimiento de los otros principios. Ser justos también requiere esfuerzo y observación porque no basta con hacer puntualmente lo correcto sino que precisa de un inventario de las cosas o circunstancias que está en tu mano administrar, y no admite omisiones.

El Principio de Beneficencia es frecuentemente el más aludido, y hay muchos refranes castellanos que evocan el mandamiento cristiano de hacer el bien, inclusive “sin mirar a quien”, pero, curiosamente, esta apertura no sería ética. No es ético hacer lo que a nosotros nos vendría bien, porque el otro es diferente y requiere su propio análisis. Además, estando nuestra posibilidad de hacer el bien condicionada por el tiempo disponible y los medios a nuestro alcance, y siendo ambos finitos y escasos, en un circulo afectivo amplio, hacer el bien a cualquiera que lo pide o necesita, sin discernimiento ni priorización, podría significar atentar contra el principio de justicia.
Por último, el Principio de Autonomía tiene una sutil interpretación en el mundo de las relaciones. Todo el mundo tiene derecho a la expresión de su individualidad y características personales, y nadie puede pretender cambiar a nadie, mucho menos en nombre del amor. El respeto a la diferencia y la ayuda a la expresión y desarrollo espontáneo de la naturaleza del otro es un deber esencial y un derecho básico exigible. Igual que una intervención quirúrgica requeriría de un “consentimiento informado” que garantice que se cuenta con la voluntad del sujeto, la ”intervención psicológica” sobre la estructura profunda de otro ser humano debería contar con el permiso expreso del propietario. Los valores que animan una vida van en el conjunto de su personalidad y su estructura sutil, y requieren el máximo respeto.
Véase pues que, al igual que la toma de decisiones médicas o científicas, relacionarnos es algo mucho más complejo de lo que nos enseñan y, para hacerlo de forma eficiente, hace falta profundizar y obedecer a los Principios Éticos, que van a convertir en adecuado nuestro esfuerzo y van a reducir al mínimo las incertidumbres que se encuentren alrededor de nuestro deber moral y empeño de bien.    

domingo, 8 de abril de 2012

YO ELIJO ELEGIR. YO ELIJO EL BIEN COMÚN. Por Vicky Moreno


         El otro día tuve ocasión de escuchar en persona al genial Christian Felber, líder de la propuesta, más política que económica y más social que política, de la “Economía del Bien Común”. (Ver vídeo: http://www.youtube.com/watch?v=rsT7ain14_4   )
         Un auditorio a rebosar aplaudió sus palabras cargadas de esperanza, de datos y de contundentes argumentos a favor de establecer una estrategia hacia la ética empresarial basada en los valores de consenso universal, que sea atractiva, además de técnicamente viable, para que pueda progresar e ir ganando terreno a la economía basada en el lucro y la competencia, que está abocada a la autodestrucción, arrastrándonos a todos en su voraz y despiadado camino de avaricia.
 Para ello propone que se agrupen y auditen las empresas “éticas” que quieran adherirse al movimiento y se formen grupos de apoyo locales, nacionales e internacionales que sirvan de focos de energía que difundan la idea, dinamizando el consumo que las elija y haciendo presión a los gobiernos para que faciliten beneficios fiscales y sociales a los empresarios que certifiquen su compromiso con la Economía del Bien Común.
Con ello se podrá conseguir que sus productos o servicios no sólo no resulten más caros al consumidor comprometido y responsable, sino que tengan un precio inferior o al menos equivalente, al tiempo que, a través de una etiqueta distintiva aseguran que su fabricación o desarrollo se ha realizado sin daño a las personas ni al medio ambiente, y sujeto a los principios de la ética universal recogida en la Declaración de los Derechos Humanos, además de (como de adorno) en todas las Constituciones.
Es un proyecto cierto, bueno y bello que, si sigue creciendo a la velocidad que lo está haciendo, puede poner palitos en la rueda de esta máquina de tragar vida …. ¿A qué esperamos para unirnos o formar un grupo local? Nos han puesto a mano una forma eficiente y madura de empoderarnos, haciendo visible nuestra enorme fuerza donde más presión puede hacer, que es como consumidores. En este Siglo XXI somos mucho más poderosos con una tarjeta en la mano que con una pancarta. Sin nosotros no hay consumo y sin consumo no hay mercado ni político que se sostenga… ¿Por qué no elegir dónde poner nuestra energía y el rumbo que queremos que tome nuestro dinero, en lugar de obedecer como corderos las campañas y consignas mediáticas de los lobos dementes?  YO ELIJO ELEGIR…  YO ELIJO EL BIEN COMÚN…. ¿Y TÚ? 

viernes, 6 de abril de 2012

JAS vida futura: ¿Quien se está forrando con esta crisis?

JAS vida futura: ¿Quien se está forrando con esta crisis?: ¿Se acuerdan de aquello que decía un presidente Español? ¡ “España va bien”!      Aznar liberalizó el suelo y empezó una orgía creditici...

lunes, 5 de marzo de 2012

Imaginar y crear el futuro: Consumo

Imaginar y crear el futuro: Consumo: Adela Cortina Orts, catedrática de Ética en la Universidad de Valencia y directora de la Fundación ETNOR para la ética de los negocios ...

domingo, 4 de marzo de 2012

ESTRÉS ¿QUÉ HAY DETRÁS DE ESE FERVOR SUICIDA? - Por Vicky Moreno

     ¿Por qué en nuestra sociedad está primada la ambición y se confunde desmesura con eficiencia?
     Parece que está mal visto que una persona responsable y eficiente pueda trabajar tranquilo, con una sonrisa en los labios y sueños en el corazón, durante las horas justas y necesarias para cumplir la función de cada jornada, dedicando, también cada día, tiempo a su cuerpo, su mente, su espíritu, su familia, sus amigos o sus aficiones..
     Las empresas e instituciones españolas tienen un concepto de la productividad muy curioso y folklórico. Importan más las apariencias que los datos. En muchos ambientes laborales, el trabajador más acreditado no es el que más produce sino el que más se ajusta a los cánones estéticos y dinámicos del ejecutivo agresivo, término que refleja muy bien en sólo dos palabras la distorsión semántica y ética del asunto.
     Se trata, por tanto, de ejecutar órdenes (internas o externas), compitiendo de manera tenaz para llegar a la noble meta de cumplir plazos y proyectos, y así ser reconocido y tener muchas posesiones y personas pendientes o dependientes, lo que, a su vez, significa no ser libre y no tener tiempo, y, como consecuencia, de manera impensable, ser un autómata estresado y desgraciado.... ¡Qué paradoja tan triste!...
      Volviendo al mundo de la empresa, el "agonías" es un individuo tan contagioso y tóxico como el "holgazán", pero éste hace menos daño porque, en el momento en que el primero alcanza una dirección -y es probable que lo haga, puesto que nuestra demente sociedad confunde estrés con eficiencia y premia su sinvivir-,  refuerza el modelo aprendido y va a esperar de las personas a sus órdenes el gesto de velocidad y el rendimiento del 200 por 100 que reproduzca su escala de valores y justifique su propia cárcel. Alguien tiene que romper esta estúpida cadena que tantas vidas acorta, tantas muertes en vida produce y tanto dolor causa.
      El estrés es probablemente un cáncer silencioso del alma, pero de nada sirve tratar el síntoma si no nos vamos a descubrir la causa profunda que lo origina.  El que lo padece no suele admitir su responsabilidad hasta que es demasiado tarde porque lo siente sobrevenido y atribuye su padecimiento a la presión inevitable del momento, a la incompetencia de los otros, al entorno o a aquello que se fue o aún no llegó. Nunca se identifica como causa la propia desmesura y falta de discernimiento, por eso no es fácil su erradicación. Como en el caso del tumor, nada hacemos siguiendo cursillos antiestrés o tomando relajantes porque se precisa identificar los pensamientos causantes, extirpar la fuente de esa reproducción errónea de valores malsanos y comprobar que se evita al máximo la extensión del cáncer a otras células vecinas.
     ¿Qué hay detrás de ese fervor suicida? Yo creo que, por detrás de toda otra causa o apariencia, siempre hay en origen un bondadoso deseo de ser el que otros esperan, de ser el hijo querido o el hombre cabal que nuestros mayores o nuestra sociedad nos inculcaron o creímos que deseaban, aunque no tengamos registro de ello. En el fondo, ese llegar a la extenuación sin límite, más allá del deber, de toda noble meta o ambición de recompensa, no es ni más ni menos que hambre de amor, necesidad de verse en el reconocimiento de los otros.
     La "responsabilidad" es para mi, en un juego de palabras muy personal: "una respuesta dada con habilidad". Los retos están en nuestra vida como oportunidades maravillosas de superación, y el espíritu deportivo señala muy bien la forma de afrontarlos. Como las técnicas de entrenamiento personal más avanzadas han descubierto, no sirve "darlo todo" porque la respuesta ha de ser "inteligente": Sólo si se usa la energía justa en el momento adecuado y durante el tiempo preciso se es eficiente. Hay que usar la ecuación correspondiente de manera científica porque, si no, el resultado puede ser decepcionante y malograr los objetivos a largo, quemar al deportista o, lo que es peor, acabar con el bonito juego que es vivir.
      A menudo asumimos responsabilidades que no nos corresponden, en el momento que no conviene, por un tiempo excesivo y usando una energía que no es nuestra porque se la robamos a nuestra salud o a la de los organismos sociales o familiares que formamos. No nacimos para eso, ni nadie que nos quiera puede esperarlo.
     Pero, Mario Alonso Puig y Bernabé Tierno lo explican mucho mejor:
http://www.youtube.com/watch?v=xNRme4_GQqA
http://www.youtube.com/watch?v=BSHtTwwHwPw&feature=related

viernes, 2 de marzo de 2012

¿Y SI EN VEZ DE INDIGNARNOS TANTO NOS ENTUSIASMAMOS UN POCO MÁS?

Sólo las emociones contagian realmente dinamizando el material sensible que nos va a nutrir o intoxicar, lo que va a suponer progreso o degradación. Somos tremendamente responsables de las emociones que mostramos y de aquéllas que nos dejamos compartir. Perfumamos o contaminamos los ambientes en los que nos encontramos con nuestra paz y entusiasmo o con nuestra negatividad y egoísmo. Este hombre lo sabe y una sola de sus charlas, uno solo de sus vídeos, es capaz de cambiar a fondo más conciencias que una campaña de marketing de muchos millones. ¿No será entonces nuestro entusiasmo y agradecimiento, nuestro testimonio amoroso, nuestro homenaje diario a la vida, la forma más eficiente de cambiar el mundo?


http://www.youtube.com/embed/FDA41c6SGb0

martes, 21 de febrero de 2012

viernes, 17 de febrero de 2012

Espiritualidad y Política: ¿Adónde irán los Indignados y los «ocupas»?, por Leonardo Boff

Espiritualidad y Política: ¿Adónde irán los Indignados y los «ocupas»?, por Leonardo Boff

Estoy con Leonardo Boff en este artículo diáfano y excelente, como todos los suyos.
Hay quienes piensan que la intermitencia en la aparición de manifestaciones de los "indignados" pronostica su debilidad, pero yo creo que ha sido y es una fuerza del ser humano automática e inextinguible. La exigencia de respeto a la dignidad propia o ajena es un resorte esencial de nuestra naturaleza que permite que, siempre que se ve amenazada, se produzca una reacción individual o colectiva de la misma o mayor intensidad que la percepción de desprecio experimentada.
En estos momentos, la dignidad, el bienestar y la vida de muchos seres humanos está realmente amenazada por la avidez y la ignorancia, y es derecho y deber, no sólo de los expoliados o estafados sino de toda persona de bien, salir a las plazas y dar testimonio, aunque sea ciego, de esa indignación. Y digo "ciego" porque ese impulso inicial tiene derecho a serlo, como lo es el de sacudirse del lomo las pulgas que irritan la piel. Son los que tienen ojos para ver, es decir, conciencia, estrategia y medios, los que han de canalizar toda esa fuerza en pro de un nuevo modelo de acercamiento al bien común. Anhelamos una política del bien común y vamos a tener que ser todos los indignados los que digamos "basta ya" a esta fiesta de magnates y mangantes bendecidos por unos políticos poco imaginativos y obligados por los mercados a conducirnos a la nada.
Aunque no sepamos muy bien cómo llegar a esa ilusión de excelencia ética y discernimiento en ejercicio, sabemos lo que no queremos y sabemos que sembrando sueños se terminaron cosechando voluntades, derrocando dictadores y construyendo imperios. No tengamos prisa, y sí mucho cuidado para no dejarnos envilecer por la ira ni manipular por intereses ajenos a ese bien común. Y, sobre todo, hagamos, haciendo. Seamos siempre y en cada momento una muestra viva del individuo sereno y cabal que queremos encontrar.

Vicky Moreno

jueves, 9 de febrero de 2012

Españoles, ¿sois idiotas? - Iniciativa Debate Público

Españoles, ¿sois idiotas? - Iniciativa Debate Público

    Este artículo es de esos que, aunque una en principio no comparta el énfasis en el calificativo, he de confesar que me ha enardecido y revitalizado antiguas voluntades de servicio que, en otros momentos, nos hicieron gritar nuestras rabias llenando plazas.
    Pero, en realidad, pienso yo, no es tanto que ahora seamos idiotas, que también, sino que somos listillos idiotizados, lo que nos convierte en insolidarios, egoístas y mediocres. 
    La historia está llena de situaciones semejantes en las que, en medio de la crisis y aparte de la de aquéllos que están en la cúspide de la pirámide, se dan dos posiciones principales: Por un lado, los debilitados por la necesidad se vuelven descreídos y se dejan llevar por el marasmo. Por el otro, entre los menos perjudicados, el temor a empeorar o la posibilidad de mejora individual divide a las víctimas, que toman posiciones para conservar su parte de la miseria o, si les dejan, sacar tajada, del mismo modo que lo ven hacer, con más envidia que indignación, a los dueños de su destino. 
    Víctima y verdugo se temen, pero se confunden y soportan porque en realidad no son diferentes, sólo lo son sus circunstancias.
                                                                               Vicky Moreno

jueves, 26 de enero de 2012

LA ECONOMÍA DEL BIEN COMÚN - Iniciativa Debate Público

La economía del Bien Común (Comentario al vídeo adjunto, por Vicky Moreno)
    Es una propuesta de modelo económico alternativo sensato y practicable. Me ha emocionado.
    Christian Felber habla de un bien común medible y, por fin, exigible y certificable en todas las empresas, corporaciones y gobiernos. Los desiguales no pueden ser tratados de igual manera. Hay que acreditar la fiabilidad ética de aquéllos a quienes compramos o financiamos.
    Todos, de una forma u otra, conocemos ese campo de energía universal al que se refiere, pero es un sentimiento de pertenencia que relegamos por creerlo una fantasía, ajena a nuestro mundo "real" de sombras, clases, fronteras, mercados e intereses. Hay además quienes se ocupan de mantenernos en esa oscuridad.
    Como los habitantes de la caverna de Platón, pensamos que los reflejos destellantes que vislumbramos al fondo no son algo por lo que trabajar y menos aún tener la ilusa osadía de aproximarse a ellos. Pero.. ¿es que no nos damos cuenta de que aquí sólo hay oscuridad y bandoleros? No podemos seguir queriendo arreglar la cueva, sino salir de ella.
    Yo opto (aunque dé miedo y escuezan los ojos) por caminar hacia la deslumbrante luz de este nuevo modelo y ayudar a hacerlo a cuantos, como Christian Felber, ya han realizado el esfuerzo de apartar grabaciones ancestrales y explicarnos el camino hacia un nuevo y esperanzador paradigma. http://iniciativadebate.org/2012/01/25/la-economia-del-bien-comun/

martes, 24 de enero de 2012

ESE LUGAR QUE LLENAMOS DE SUEÑOS - Por Vicky Moreno

     Hoy tiene color de nostalgia el telón del escenario de mi noche. Como decía un amigo, añoro los labios, todos los labios que una vez, con dulzura, pronunciaron mi nombre.  O no...... Quizá añoro los besos que pude dar y no di, o aquellos que ella me dio sin que entonces yo pudiera sospechar siquiera que eran el testimonio de algo tan único y verdadero que su molde, años después, serviría para medir la escasa dimensión de todas las ternuras en porciones que el futuro me había de proporcionar.
     ¿De qué hablaba?... Ah, sí. Del porvenir. De ese lugar que llenamos de sueños mientras, obedientes, aprendemos a aceptar asfixiarlos.
      Mozart suena esta noche a Cola-Cao con galletas, coplas de patio y carbón crepitando entre las llamas de una cocina vieja en la que el tiempo ablanda las carnes y endurece las almas.

      Vicky / Enero 2012    

sábado, 21 de enero de 2012

Más ciencia, paciencia y conciencia, y menos apariencia.


http://www.lavanguardia.com/lacontra/20120119/54244580431/antonio-fornes-trabajamos-mas-horas-que-un-esclavo-romano.html
     
     Quiero recomendar la lectura de este excelente artículo de Antonio Fornés, sobre el que me permito el siguiente comentario:

     De la peor de nuestra cárceles sólo nosotros tenemos la llave. Buscamos excusas y responsables fuera y sólo nuestra actitud es la causa original de cuanto nos sucede. 
     Somos la consecuencia de los pensamientos que nos consentimos. Nadie va a arreglar el mundo desde el desasosiego y el estrés, y nada alcanza empobreciendo su vida y la de aquellos que le aman. Con "bastante" hemos de saber tener "suficiente"... y vale para el dinero, la comida, el trabajo, el reconocimiento, las posesiones.... 
     Así, desde la serenidad y la moderación, sí da tiempo a disfrutar y así sí se arregla el mundo porque sólo lo vamos a conseguir sumando el justo trabajo de todos, junto al discernimiento, la ética y la paz que fecunde nuestros actos. 
    Beatificando el esfuerzo, la ambición, la cultura del logro, nuestros mentores no nos hicieron mejores sino menores: súbditos de la codicia, cargados de demagogia, con discursos grandilocuentes sobre nuestro deber social, mientras desconocemos y abdicamos de nuestro deber moral hacia  nuestro propio bienestar y el de aquellos que nos rodean. 
     Más ciencia, paciencia y conciencia, y menos apariencia.
     
Vicky Moreno / Enero 2012

viernes, 6 de enero de 2012





Blogger Vicky Moreno dijo...
http://federicomayor.blogspot.com/ 
Suscribo palabra por palabra todo lo que escribe Federico Mayor Zaragoza en este estupendo artículo. Sus palabras son como reflectores que alumbran un camino boscoso, antes temible y sombrío, pero después cargado de soluciones realistas e ilusionantes. 
¿Por qué no son más los intelectuales, los "despiertos", los que tienen "ojos para ver", quienes alzan su voz, como Vd. lo hace?
Eso, aparte de ser un deber de los que tuvieron la lucidez y la formación necesaria para alcanzar ese punto de mira, considero que es imprescindible y urgente para esa (R)evolución tan ansiada.
Aunque suene retrogrado (y siendo de natural luchadora por los que sufren), tengo que decir que yo no tengo tanta confianza en este modelo de democracia. Yo quiero que quien dirija los destinos de mi país y de mi planeta sean intelectuales preparados, generosos, éticos y conscientes, y a esos no es fácil que los elijan las agrupaciones de vecinos del barrio que, con todos mis respetos, no me representan. No porque no haya entre ellos personas de esa talla, que unas cuantas conozco, sino porque la tan valorada "mayoría" no la conforma ese tipo de individuos desprendidos, buscadores y serenos, sino una masa de tipo emotiva, pasiva, primaria, de reacciones fogosas pero interesadas y poco eficaces si no se canalizan.
Creo que el verdadero cambio tiene que venir de un nuevo enfoque global. No son malos los de "arriba" y buenos los de "abajo", ni viceversa. Todos somos egoístas y bastante superficiales y mediocres (a la vez que capaces de puntuales heroicidades). Reconocer donde están los valores y practicarlos, aunque cueste, es un esfuerzo, por desgracia infrecuente, que siempre se exige a otros. La crítica y la delegación de responsabilidad es nuestra postura favorita. Escrutar nuestra propia mente y nuestra propia conducta es incómodo, pero lo único que nos hace más humildes, más trabajadores y menos prejuiciosos.
Si queremos consciencia, debemos ser conscientes y, además, encontrar el modo para que nos dirijan personas conscientes. Si queremos paz, primero practiquemos la paz, pero sigamos sólo a los más pacíficos. Si queremos justicia, hemos de profundizar en los hechos que hay detrás de cada decisión, aplicarla y exigir que se aplique.... Por desgracia, profundizar y mirar la pripia viga no es el deporte nacional. Esa es la realidad y así nos va.
¡INTELECTUALES DEL MUNDO, AVATARES DEL MUNDO, GENEROSOS GENIOS, MADUROS PENSADORES, UNÍOS PARA LIDERAR EL MOTOR DEL NUEVO MODELO DE DESARROLLO Y CREAR LA FUERZA CRÍTICA QUE ARRANQUE EL VERDADERO CAMBIO!
Es mi deseo para el nuevo año. 

sábado, 31 de diciembre de 2011

Imaginar y crear el futuro: Darwin y la empatía

Imaginar y crear el futuro: Darwin y la empatía: En La civilización empática. La carrera hacia una conciencia global en un mundo en crisis (1ª ed, 2010, Paidós, Barcelona), Jeremy Rif...

lunes, 19 de diciembre de 2011

¿QUÉ HARÍAMOS CON TANTA BOSTA? – Por Vicky Moreno


El estudio de la OCDE “Divididos estamos: por qué aumenta la desigualdad” indica que “el ingreso promedio del 10 por ciento de las personas más ricas representa nueve veces el del 10 por ciento de las más pobres”, en los países que integran la organización (cifras citadas en http://periodismohumano.com/economia/cuando-los-ricos-se-hacen-mas-ricos.html)
         Me hundo frente a esas cifras. La distancia entre ricos y pobres sigue aumentando en todo el mundo. En un mismo país la renta per capita de sus gentes puede llegar a tener un diferencial de 15 a 1, es decir, como ejemplo y sin irnos a ningún país árabe, cuando un alto ejecutivo europeo obtiene de media quince mil euros en un mes, un trabajador con contratos precarios sucesivos no llega a los mil. ¿Hay quince veces más horas trabajadas por el primero? NO ¿Hay quince veces mayor calidad en el trabajo del primero? NO ¿Hay una producción real de bienes quince veces mayor como consecuencia del trabajo del primero? NO  ¿Hay siempre una formación quince veces más larga o más profunda? NO ¿Hay quince veces más necesidades básicas en la vida del primero? NO.
Veamos un poco la secuencia del marco psicológico, educativo, ético y social que la provoca:
Hace muchos años el sueño americano era un reflejo del refrán de “el que la sigue la consigue”. Se daba por supuesto que el esfuerzo, el trabajo y la perseverancia podían hacer llegar a cualquier individuo a las más altas cotas del ranking social, mejorando sus expectativas económicas a base de competir de forma lícita entre iguales. Muchos fueron los llamados y pocos los elegidos, pero el impulso de esa fe en el progreso resultó determinante para que la sociedad industrial facilitara el despegue de personas que jamás hubieran soñado con salir de la miseria y se ensanchara una clase media de gran influencia.
       En ese esquema se fue colando otro principio vigente ad eternum como es el de que “quien a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija”, haciendo que, poco a poco, ese sueño de progreso se volviera más asequible para los que mejor se relacionaban, dando un golpe mortal a eso de la libre competencia y disminuyendo las oportunidades para los que ponían sobre la mesa sus valores esenciales por encima de sus habilidades sociales e influencias.
       Podría parecer que esta ley de la selva que primaba al más hábil ofrecía la sospechosa ventaja de permitir la selección natural de individuos más dotados para el trueque, la seducción o la venta, y eso, a su vez, hasta podría suponer una garantía de liderazgo ingenioso, amenidad e incluso supervivencia para el sistema, pero no quedó ahí la cosa.
      Los consejos de quienes “por su bien” incentivaban la osadía frente al buen hacer y el discernimiento, dieron pie al sobreestímulo de los chavales en las escuelas, universidades y familias. Ellos se esforzaban por alcanzar titulaciones y acreditaciones sin alma, ignorando que facilitaban la clonación de individuos con los escrúpulos ausentes o desnutridos. Con un extraño consenso, se arengaban las ambiciones de los muchachos para que pudieran convertirse en “triunfadores”, ante la amenaza de quedar marginados en un mundo de “perdedores”, y propiciando así la competitividad feroz y el “todo vale”.
         En este escenario de guerra y de vanidades, se creó el caldo de cultivo para la emergencia de otro agente: el insaciable afán de lucro, que nos hace recordar otro refrán: “el que más tiene más quiere”.
    Como virus letal, fue infectando la tierra abonada de los avariciosos conseguidores, quienes, acostumbrados a ocupar puestos de responsabilidad, se revestían de dignidad y esgrimían la legalidad como blasón en su disfraz de honestas prácticas -más cercanas al robo a mano armada que a gestión ética alguna-. Los trapicheos se realizaban desde sus despachos y se contabilizaban con neologismos como “negro” o “B”, disimulada la fachada  con eufemismos como los de comisiones sobre plusvalías, dividendos, participaciones en beneficios, inversiones sociales o transacciones financieras.
     Las grandes retribuciones pasaron a provenir, curiosamente, de porcentajes poco relevantes que, dada su pequeña cuantía, los prebostes, intermediarios y comisionados se llevaban sin llamar la atención, hasta que se evidenció lo que representaba un porcentaje de nada aplicado sobre tan enormes cifras. Y lo que es peor, esas enormes cifras eran simplemente virtuales, dado que ningún bien tangible se derivaba de su manejo, y sólo eran apuntes de cotización que se movían por las pantallas de acá para allá, produciendo unos beneficios nada virtuales. 
      Ese dinero fácil, que ya no premia esfuerzo ni mérito alguno diferente de la astucia y la estulticia, llevó a una especie de “tonto el último” en el que la carrera por las rentas del capital terminó por dejar muy lejos los escrúpulos morales, y desdibujó definitivamente el análisis del origen ético o criminal de los fondos que se usaban para producirlos.
      Esos fondos han pasado a ser la vaca sagrada que todo el mundo quiere ordeñar. Así, las desigualdades se incrementan año tras año porque ya existen de origen enormes brechas: Entre los ciudadanos favorecidos, la actitud depredadora se premia y la vaca se engorda, se presta con intereses, cotiza en el mercado de valores, se ordeña y hasta se come. Los otros, los que aún no llegaron a tener vaca, ni despacho, ni diplomas, ni amigos que les recomienden, no pueden aspirar a beneficios tangibles sobre valor virtual ninguno porque lo único que aprovechan de la vaca son sus bostas.
     Nada pueden hacer, por tanto, para cambiar esta situación, salvo rebelarse, pero, mejor que no, porque, entonces, los que protestaran se harían molestos e, igual, por pesados, llegaban a conseguir algún privilegio, o hasta irían a la universidad, obteniendo sus certificados de calidad e incorporándose al mercado, con su vaquita y todo, con lo que ya dejaríamos todos de ser pobres.
          Pero, entonces,…. ¿qué íbamos a hacer con tanta bosta?